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martes, 29 de julio de 2008

RECAMBIO AUTOMÓVIL Y GASOLINERA DE

DON JUAN ÁLVAREZ DÍAZ (1935-1965)

Articulo recibido de: Bruno Juan Álvarez Abreu

Cuando ahondo en lo más profundo de mi memoria en busca de su primera imagen, esa imagen que iba a perseguirme omnipresente a lo largo de cuarenta años de mi vida, encuentro en el rincón más lejano una escena precursora. Una empresa modesta, hospitalaria, reducida. Sentado junto al amplio salón-industrial donde el olor a petróleo refinado mezclado con agua para lavado de automóviles, mi padre y otras personas de rostros difuminados por el aturdimiento. Mi padre Juan Álvarez Díaz, estudiante del colegio de los hermanos de las Escuelas Cristianas. Estudia Cultura General para defenderse en el futuro con destreza, se especializa en una asignatura, hoy desconocida, -Teneduría de Libros-, materia que los institutos técnicos y las escuelas universitarias la han reemplazado por la moderna informática de gestión. Soporte que le ayudara a instruir una pequeña explotación de servicios para toda clase de automóvil que ya es aseveración en La Orotava.
A abandonar el colegio de San Isidro se incorpora a trabajar en Telégrafo de misiva, con pantalón corto, eran tiempos difíciles para familias de clase media, concretamente para hijo de chofer, -D. José su padre, "chofer de Ascanio", con el número siete de expedición del carné de conducir en la provincia de Santa Cruz de Tenerife-. Más tarde ingresa en la banca "Morales". Desaparecida la banca es contratado por Don Fernando Hernández López industrial de esta plaza, para ocupar el cargo de oficial-encargado de su industria de repuestos y accesorios de todas clases de automóviles en la Calle de Calvario. Muchos hombres y mujeres van cargados de historias y leyendas, que ellos mismos han ido construyendo con el paso de los años, mi padre dedicó media vida a la explotación de Estación de Servicios. En 1.931 contrae matrimonio con mi madre, M. del Carmen Abreu González modista de caballeros, que en su restringido estudio de confección, en una desaparecida casita bucólica situada en intermedio del añejo callejón de Los Cuartos actualmente calle del Doctor Emilio Luque, educó a sus hijos, y enseñó a coser a varias muchachas. En el año 1.935, el mencionado D. Fernando Hernández López se decide compensar su industria, traspasándosela a una comunidad mercantil formada por mi progenitor y D. Miguel Linares Álvarez(taxista), para venta de accesorios de automóviles, gasolina etc..
Su comienzo no fue accesible, la guerra civil hace su presencia, mi padre es llamado a la retaguardia del regimiento de infantería de Tenerife nº 38, ejerciendo como auxiliar escribiente de la oficina, y para ocuparse de su rutilante sociedad industrial en La Orotava, solicita varios permisos a sus jefes militares. Con la ayudantía de sus hermanos Pepe, Pancho, María Rosa y Carmen, pudo controlar su pequeña explotación. Finalizada la guerra civil, decide separase de su asociado D. Miguel Linares Álvarez, por biunívoca connivencia previa transacción mercantil, por el que a mi progenitor se le adjudica todas las disponibilidades del establecimiento, créditos etc., todo cuanto a la misma sociedad corresponde, proponiéndose seguirlo por su cuenta como dueño absoluto, iniciando una etapa prometedora con dos subalternos; Juan Santos Mesa, Jesús Gutiérrez conocido en el mundo del fútbol por "Borbolla" ex-futbolista del Celta de Vigo, y un auxiliar José Hernández conocido por Pepe el de las palomas o Pepe el de la calle Verde. Viviendo con mis padres y mis hermanas en la calle de Calvario, mi memoria persiste en busca de esa su primera imagen. Debía está ahí, en mi casa de la mencionada calle, conviviendo con mis padres y hermanas, en una década maravillosa, presenciando la escalera canaria, por donde se ascendía a la habitación, para emprender los deberes colegiales. Debería estar ahí, pero no aparece en mi memoria. Sí aparecen -ya borrados también sus rostros- los vecinos que convivían con nosotros y mi asombro al ver como se vivía en esa legendaria calleja. Esto es lo que alcanza el rastrear de mi memoria.
Indudablemente en la calle de Calvario, han habido pintorescos establecimientos mercantiles y comerciales, los que compartían con mi padre al principio de la década de los cuarenta, bajando por la derecha: el Café Parada, la escuela de dª. Lucía Mesa, la venta de D. Saturnino Rodríguez, la pensión y restaurante de Fariña, la barbería de D. Pepe el portugués, la perfumería de dª. Armenia Gutiérrez, la carpintería de D. Juan Hernández Bethencourt, alfarería de D. Aniceto Pérez, barbería de Perico, tapicería de Pepe Quevedo, ultramarino de Los Molinas, taller de mecánica de Villavicencio, comestibles de D. Balbino Pérez, Pensión El Malagueño y Taberna de la Vieja de Santa Ursula. Por la izquierda carpintería de García y Cruz, barbería y comestibles de D. Antonio Álvarez "el cañón", recaudación de Hacienda, la FAST, el bazar del alemán Germán Haller, la oficina de Correos, tipografía de Don Lorenzo Castro, Hotel el Suizo, herrería de Toribio Quintero, la mercería del libanés D. Najib Bou-Absi(conocido por D. Felipe), herrería de D. Francisco Delgado, bodega de D. Manuel García con vinos de Chiclana importados de la provincia de Cádiz y comestibles de D. Cipriano Hernández Escobar.

En 1.944, el gobierno de la posguerra promulga la triste Tarjeta de Aprovisionamiento para desapoderar combustible o lubricantes a los propietarios de vehículos. D. José Ponte y Méndez recordado sacerdote de La Perdoma, para desplazarse a su parroquia, y acontecer sus tareas pastorales, cuando se enteran las autoridades a través de un malsín que parecía ser amigable, le imponen una aquiescencia, que consistió, en cerrar el surtidor por tres meses. Sin embargo el 14 de Mayo de 1.945, visitaba España el director de la Texas Company, William Brenstes, quien contribuyera a gran medida al envío de gasolina a la España Nacional, en 1.936. En la empresa se organizó un grupito tertuliado que lo bautizó con el apelativo el "Tin". Los domingos celebraban variadas gastronomía típica en las fincas de: Maestre Juan de La Florida, El Pozo del Rincón, y en la casa de D. Casiano en las cañadas del Teide. El "Tin" lo formaban; Los taxistas de la parada del Llano -parada de los ricos, renombre que se le impuso por deambular con las gentes ricas del pueblo-; Agrícola González el de los chistes, Miguel Toste, Cristóbal González, Ángel Salamos, Miguel Linares, y Justo Hernández. El técnico Villavicencio, - proyectador de cintas en el cinematógrafo Atlante, -para los jóvenes de hoy, papá de Julito el mecánico-. El tapizador Pepe Quevedo, -incansable, un gran maestro y una excelente persona-. El camionero Chanillo "El Cubano", -entrañable y recóndito de mi padre-. Los señores; D. Fernando Méndez de Ponte, D. Sebastián Fernández, D. Casiano García Bartlet. Y el General D. Lorenzo Machado y Méndez-Fernández de Lugo. Para acalorar la tertulia, hacían usanza del admirado guitarrista villero Eustaquio Regalado Cairós conocido por "El Cojo Regalado", que con su clásica imagen, con guitarra al ristre, protagonizaba divertidas anécdotas. Otro personaje acompañante del contertulio, Don Eduardo Gutiérrez chofer del volquete, en el que se transportaban los garrafones de caldo tinto del país, y alforja para gastronomía. Asimismo contaban con los servicios de un reputado cocinero, Rafael Hernández, -conocido por "El Moneda", la ayuda de este maestro era fundamental para los componentes de la peña, todos disfrutaban de su cocina. En agosto de 1949, mi padre, solicita del Excmo. Ayuntamiento de La Villa de La Orotava, autorización para trasladar él depósito y surtidor de gasolina de la calle de Calvario, a la esquina con la plaza de FRANCHI Alfaro, en su parte del naciente. En el año1947 sufre una paralice por trombosis, cuando solo contaba con 42 años de edad, tardó bastante en recuperarse para acedar sus negocios, pone a frente del mismo a José Hernández y a su hija María Lola con solo 12 años de edad. Tres años más tarde contrata nuevos operarios; Gilberto Rodríguez y Carlos Sacramento.
Posteriormente solicita de la Alcaldía autorización para llevar a cabo el proyecto de construcción de una casa de dos plantas en la calle Calvario, para instalar un nuevo modelo de industria de lavado, engrase, y limpieza de toda clase de coches de acuerdo con nuevas reglamentaciones y avances tecnológicos. Al comienzo de los años cincuenta constituye una sociedad civil particular "Álvarez y Delgado", para venta de materiales de carpinterías con D. Francisco Delgado González, la compañía tuvo pocos años de vida, liquidándola en septiembre 1954 de mutuo acuerdo. En Diciembre del mismo año, lleva a cabo un nuevo proyecto, solicitando autorización de la Alcaldía, para edificar un stand en la esquina de FRANCHI Alfaro, e instalar en el sótano una bomba de aire para cámaras y cubiertas, colocando en la planta principal una pequeña oficina y exposición de productos lubricantes. Su afición por la lectura era patente, con frecuencia visitaba la biblioteca de la centenaria sociedad del Liceo Taoro del que fue socio protector. En Agosto de 1965, aquejado de su padecimiento, completamente ciego, cesa en los negocios representativos de productos, consistentes, en gasolina, aceite, petróleo, etc., decidiendo traspasárselo -por acuerdo con su familia- a su hija Josefina, que regenta la explotación con los tres empleados existentes; Sixto Díaz Afonso, Francisco Díaz Afonso y Honorio Rodríguez. Falleciendo dos meses después el 27 de octubre de 1965.

Desisto de todas esas imágenes que llenan los cuarenta años de mi vida. Ahora, al comprobar mis vanos esfuerzo por recobrarla, cuando compruebo que la memoria de un hombre es tan frágil como la memoria de un pueblo.

lunes, 28 de julio de 2008

RUTA DE LOS MOLINOS DE LA OROTAVA

Artículo recibido de: Bruno Álvarez Abreu

Hasta el siglo XVIII el elevado coste de la cal, que debía ser trasladada por barco desde el sur de la Isla o desde Lanzarote y Fuenteventura y, como contraposición, el bajo de la madera, explica que hasta esa fecha fueron todos los molinos villeros de madera, incluso su cubo, a pesar de su menor duración y constante reparaciones. La intensa deforestación hizo mucho más costosa y complicada su continuidad afine del siglo XVIII, por los que sus dueños se vieron obligados a sustituirlos por los actuales de argamasa, mucho más sólidos y duraderos, aunque por esos años su coste era justamente el doble.

Los molinos utilizaban como fuerza motriz el agua: se aprovechaba la energía de su caída desde el “CUBO”. Transmitida a los alabes (paleta) de una rudimentaria turbina, movía una de las piedras entre las que se tinturaba el grano de millo o trigo, previamente tostado. Al circuito de los molinos iban asociadas diversas actividades relacionadas con el uso del agua, como los lavaderos; uno de estos ha venido funcionando en la confluencia de las calles de San Francisco y la antigua El Castaño hasta hace unos años y su recuperación aun sería posible para recinto cultural.

Llega al Llano de la Sierra, proveía de fuerza motriz al aserradero allí instalado. No se trata de un molino harinero sino de una rueda productora de energía hidráulica.

Noria o rueda Hidráulica que hacía funcionar un aserradero, ubicado entre los caminos de Aguamansa y El Sauce. El Canal existe, la Noria no. La documentación de la época asegura que en 1504, Francisco Florencio arrendó una sierra de agua de propiedad de Rafael Fonte a Pedro de Gomedio.

Situado e n las inmediaciones de la Ermita de Santa Catalina, funciona todavía, tiene cubo y atarjeas con arcos de medio punto y, en su momento, había lavaderos en sus inmediaciones. Lo construyó Lope Gallego en 1503, fueron sus dueños, Tomás Fidel Cólogan y Bobadilla, Lorenzo Machado y Benítez de Lugo (1885) y, ya en nuestro siglo, don Jerónimo Hernández. Su actual propietario es don Isaac Hernández.

Entre la calle Cubo Alto y San Juan y cerca de la Plaza de La Piedad, en el ámbito del camino de los guanches, también llamado Camino Polo o Real, se sitúa el molino del Cubo Alto, porque es el de mayor altura de todos. Lo construyó Andrés Juárez Gallinato en el siglo XVI. Entre sus dueños figuran, María del Carmen Aponte (S. XVII), Caridad Ascanio de Tolosa (S. XIX), Tomás Ascanio de Aponte, Tomás Ascanio y Estévez, Augusto Méndez de Lugo y, en la actualidad su poseedor es don Jesús Pulido.

Ubicado entre las calles Rosa de Ara y San Juan y enfrente de una Plazoleta posterior, lo construyó el Conquistador Diego de Mesa en el siglo XVI. Fueron algunos de sus dueños José Molina y Briones, 5º Marques de Villa Fuentes (XVIII), Santiago de Molina y Fierro (nieto) alrededor de 1840, mientras que para 1920, figura como su dueña doña Fermina Monteverde y León Huerta.

El nombre de Diego García y San José se anota en la lista de sus propietarios. Tomas de Giustiniani, mercader Genovés que tenía una tienda en la Laguna era el poseedor del ingenio que contenía el molino. En 1513 está en manos de Francisco Pérez de Quintanilla. De Francisco de Lugo, el Tuerto, lo heredera Isabel de Lugo, llamada la rica hembra por sus ingentes posesiones.

Fue trabajado al principio del presente siglo por don Justo Hernández, allí trabajaron sus hijos: Justo, Juan y Pablo. Finalmente fue adquirido por don Manuel Estévez y doña Carmen González (Leal), actualmente es propiedad de doña Lilia Estévez.

También llamado del Campo de la Garrota. Los construyó Pedro Medina en el siglo XVI, posteriormente pasó a la familia Currás.

MOLINO DE JOSEFINA

Lo construyó Juan Benítez tío del Adelantado, en el siglo XVI. Posteriormente fue dueño Don Nicandro González Borges, fundador del colegio de San Isidro, posteriormente lo adquirieron: don Juan Estrada, y don Fauto Salazar.
A don Nicandro se lo tenía arrendado Don Domingo Hernández Quintero, abuelo de Don Chano. Y a don Fauto Salazar se lo arrendó Don Santiago González de Cháves padre de Don Chano. Finalmente se hizo con la propiedad la hermana de don Chano; doña Josefina González Hernández que actualmente lo vive con su familia pero no explota su industria.

Conmovedor es, encontrarnos con un conjunto significado de molinos originalmente unidos por una canal de madera sostenido por pies verticales que hoy no se conservan. Todo una sinfonía de estética popular, en lo que destaca la pobreza de los materiales, su composición arquitectónica o su disposición en anfiteatro. En esta centenaria ruta molinera, donde nació la población, los molinos dejan ver sus cubos y sus desagües, de manera pintoresca, donde en antaño se instalaban abrevaderos para las bestias y lavaderos públicos.

MOLINO DE DON CHANO

Fue construido en el siglo XVI por don Bartolomé Benítez de Lugo. Uno de los molinos que está activos en nuestra Villa, al que acuden desde todos los rincones de la isla, incluso muchas veces lo hacen desde otras islas de nuestro archipiélago, a buscar el sabroso gofio canario, es el conocido por el Molino de Don Chano, esto es curioso porque en todos los establecimientos culturales, sociales, civiles y mercantiles, habitualmente se observan como símbolo de nuestras tradiciones, un grabado de este simpático molino de Don Chano de la antigua calle El Castaño, a plumilla, a carbón, en acuarela, en óleo, en madera y en cerámica etc...

El Molino de don Chano data desde el noviciado de La Orotava como lugar, fue construido en el siglo XVI por Don Bartolomé Benítez de Lugo, regidor perpetuo de Tenerife en el año 1507, alcalde de la Orotava en el año 1512, benefactor del convento franciscano de San Lorenzo Mártir en la villa, hijo 2º, y nacido en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Curiosamente podemos observar que el Molino limitaba por lado sur de la Mansión de los Benítez de Lugo.

Don Chano nos facilitó unos datos inéditos de la gestión del histórico molino, tratase de recibos de arrendamiento, fechados en abril del año 1850, y noviembre del año 1880. Facturas y Pagares de reparaciones del molino con fechas de enero del año 1876. Recibos de contribuciones territoriales fechados en diciembre del año 1862 siendo recaudador el Sr. Hernández Barrios. Y otro con fecha de Diciembre del año 1866 siendo recaudador Don Juan Salazar.
En esta documentación observamos que desde el año 1850 hasta el año 1905, el arrendatario era don Pedro Hernández Fuentes. Y el propietario desde el año 1850 hasta el año 1880 era la señora esposa de don Nicolás URTUSÁUSTEGUI. Y a partir del año 1880 lo fue su hijo don Francisco URTUSÁUSTEGUI. Parece que el segundo propietario mencionado toma la propiedad del molino por el fallecimiento del primero, porque los recibos que firma el segundo están confeccionados en papel enlutado. Según testimonio de Don Chano, a partir del año 1906 es propietario Don Emiliano Illada y arrendatario su padre, don Santiago González de Cháves. El cual continuó como arrendatario, con dos nuevos propietarios: don Ubaldo Martínez Casañas (Vecino de la Orotava) Y don Casiano Sosa Martín (vecino de la Victoria de Acentejo). A partir del año 1955, Don Chano (don Sebastián González Hernández), adquiere en propiedad el molino hasta hoy.

EL MOLINO DE LA TAPIA AMARILLA

Lo construyó don Bartolomé Benítez de Lugo. Pasó por las manos de Juan González y Benítez de Lugo, María del Carmen González Hernández, Esteban Hernández Gutiérrez (1905.

AL FRENTE DE LAS CASAS DE LOS BALCONES EXISTÍA UN MOLINO DE PROPIEDAD DE LA FAMILIA DE FRANCHI.
Fue destruido cuando los jesuitas, para edificar el colegio le aconsejaron que rodaran la acequia que no sufriría el nivel de agua, cosa que no se produjo.


EL MOLINO DE DON ÁNGEL O DE MONTEVERDE

Lo levantó don Juan de Ponte y Calderón, regidor Perpetuo, en 1634. En el siglo XVII figura como su dueña Mariana de Ponte y Molina. Catalina, viuda de Ascanio fue el traspaso al actual dueño, don Ángel Domínguez, de quien recibe la denominación.

EL MOLINO DE LERCARO

En el siglo XVII, figuraba como propietario Jerónimo de Ponte Fonte y Pagés, hijo del señor de Adeje, casado con Catalina de Grimaldi de Lugo y construyeron la casa inmediata.

Teodoro de Anasagasti (Bermeo 1880 - ­Madrid 1938), afamado arquitecto de la época, era catedrático de la Escuela Supe­rior de Arquitectura de Madrid. Fue el encargado del proyecto de edificación de los Grandes Almacenes y a posteriori arquitecto titular de la Sociedad respon­sable de velar por las disquisiciones y trámites arquitectónicos de la Sociedad Madrid-París. Junto con otros grandes arquitectos de la época como Antonio Palacios o López Savaberry, fue pionero en la introducción de nuevas ideas y de las técnicas modernas en el campo de la arquitectura. Describe la ruta de los molinos de la Orotava; “El barranco de Acentejo, Termópilas de las huestes conquistadoras. La Victoria, tomada de palmeras y el gigantesco anfiteatro de La Orotava anclado en el Puerto de la Cruz. En la bruma, cual inquieto cetá­ceo, la silueta borrosa de la isla de La Palma. Hay que visitar todas las iglesias, tomar nota de las balconadas, visitar algunas casas; corretear sin cesar. Un lugareño, tocado con su monumental capa blanca, es una réplica; tiene el mime­tismo de las originarias cabañas: nota atemperada al fondo, la más pintoresca y parlera. Ambiente embalsamado de auras marinas y esencias vegetales, que se acrecienta en la Orotava, sin que pudiésemos explicamos el motivo.
Ambiente embalsamado de auras marinas y esencias vegetales, que se acrecienta en la Orotava, sin que pudiésemos explicamos el motivo. Estudiando los acueductos. Modalidad rampante, que nada tiene de común con las conducciones romanas dimos con los molinos de gofio, que aro­matizan la población. Conducidas las maquinarias por una mujer que amorosamente atiende su mar­cha, es la ambrosia donde ha de saturarse el viajero. Efluvio del ambiente, polen de oro que nos envolvió, y nos ha mantenido la odorante impresión de la Isla. Los acueductos de la Orotava están for­mados por grandes cubos, a manera de for­taleza. Entre muro y muro, unos canales de madera, sostenida por toma puntas, conducen el preciado líquido que mana de la circundante cadena de montañas. A toda prisa, de noche cerrada, hemos de volver al barco, sin poder hacemos cargo de los lugares que atravesamos. Solamente nos son familiares los aspectos de La Laguna, sus iglesias y los campaniles, más negros en la oscuridad. El "Escolano" tiene señalada su salida para las nueve de la mañana siguiente, y hemos de levantamos con el sol para des­pedimos y dar el último repaso a la ciudad, tomar más notas y obtener las "fotos" defi­nitivas. Envuelto el caserío en una grisácea tona­lidad, por grados desde las alturas, comienza a teñirse de oro y acrecienta el sol su inten­sidad y arde el refulgente mar atlántico. Ciudad, aspecto opuesto al de la Noche­buena en que llegamos. Las imágenes que se superponen con el tiempo al rememorar su fisonomía imborrable

domingo, 27 de julio de 2008

DON FELIPE MACHADO Y BENÍTEZ DE LUGO

MUSICÓLOGO, DIBUJANTE Y PRIMER ALFOMBRISTA DE LA PLAZA PARA EL CORPUS EN LA OROTAVA.

Artículo recibido de: Bruno Juan Álvarez Abreu

Nació en La Orotava el 5 de mayo de 1836. Fue hijo de don Lorenzo Machado Ascanio, Mayorazgo de la Casa de Machado y de los de Valcárcel Fonte, y de doña Teresa Benítez de Lugo y Valcárcel.

Educado en la mansión familiar junto con sus hermanas, y más tarde en el Colegio que, en el ex-Convento de Santo Domingo, dirigieron el prebístero don Domingo Brito, y luego don Cayetano Fuentes, de insigne memoria.

Posteriormente, siguió sus estudios en la Península, ampliados luego con conocimientos adquiridos en sus viajes por Europa, en los que perfeccionó sus notables aficiones artísticas.

Singularmente dotado para las bellas artes, cultivó especialmente la música y la pintura, en la que fue aventajado discípulo del gran pintor palmero González Méndez, con quién mantuvo larga y fructífera amistad.

La Orotava, que celebra sus Fiestas Mayores en honor del Corpus Christi, ha hecho famosa esta solemnidad por sus incomparables alfombras de flores y de productos naturales, con las que, desde 1846 y por idea de las señoritas de Monteverde al paso del Santísimo Sacramento.

Don Felipe Machado participó desde muy joven en la confección de esos tapices y aportó a ellos la novedad del "medallón" y la "alegoría", que durante muchos años fueron motivos principales de tales manifestaciones artísticas, perfeccionando los llamados "corridos". Los primeros medallones los realizaron en la plaza del Teatro, y, a partir de 1919, en que por primera vez entró la procesión en la plaza del Ayuntamiento alfombrada, los realizó en la misma. Su arte le valió enorme notoriedad, de modo que fue reiterada- mente invitado a la confección de tapices florales para enaltecer cuan- tos acontecimientos extraordinarios ocurrieron en La Orotava, como en ocasión de la histórica visita que, en 1906, efectuó a la Villa el Rey Alfonso XIII, primera de un Monarca español a estas Islas. Quedó el Soberano tan gratamente sorprendido por la belleza del tapiz, que invitó a los artistas a realizar otro en la plaza de toros de Madrid, con ocasión de su ya próximo enlace matrimonial; pero, con tan mala fortuna, que las adversas condiciones meteorológicas destruyeron la magna alfombra, cuya contemplación hubiera hecho la delicia de los madrileños. Fue don Felipe Machado Capitán de las Milicias Provinciales de Canarias. Desempeñó también el cargo de Consejero y primer Vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife, en su primera e histórica sesión, celebrada el 16 de marzo de 1913.

Fue director de la banda de Música la "Filarmónica" de Realejo Bajo, y destacado componente de la Sociedad Cultural "Liceo de Taoro", en cuyas actividades participó activamente.
Como empresario agrícola, impulsó decididamente el cultivo del plátano, como antes lo hiciera con la producción de cochinilla. Contrajo matrimonio el 16 de noviembre de 1857 con doña Elena Benítez de Lugo y Benítez de Lugo, hija de los marqueses de la Florida, con la que procreó tres hijos: don Lorenzo, que casó con doña Beatriz Méndez de Lugo y Ascanio; doña Elena, esposa de don José García y Llarena, Licenciado en Derecho; y doña Margarita, marquesa' de San Andrés por su matrimonio con don Fernando del Hoyo y Áfonso. Falleció este ilustre orotavense el día 20 de febrero de 1930, a la edad de 93 años, entre el general aprecio y cariño de todos sus conciudadanos.
Según datos que me facilita el convecino y amigo don José Rodríguez Maza, que transcribo a continuación: “Felipe Machado y Benítez de Lugo es una de las personalidades orotavenses más destacadas de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX y no sólo desde el punto de vista artístico, sino sobre todo desde el punto de vista social, económico y político. Su facilidad para las bellas artes y su gran personalidad lo han convertido en uno de los alfombristas más importantes de toda la historia de esta disciplina artística en Canarias. Arte, que si bien nació en Tenerife de la mano de la familia Monteverde y del Castillo, tuvo en Felipe Machado a su gran impulsor, y no sólo por sus originales y coloridos medallones, sino también por su pionera idea de alfombrar para el Santísimo la incomparable plaza del Ayuntamiento de La Orotava, hoy por hoy, el lugar más emblemático y característico de las Fiestas de la Octava del Corpus Christi orotavense. Pero si bien es loable su faceta alfombrística, no lo es menos su destreza y dedicación en otros campos de las bellas artes, como son la pintura y la música. En la primera, y como aventajado discípulo que fue de su gran amigo el pintor palmero Manuel González Méndez, destacó tanto como retratista, como en el dibujo a plumilla, mientras que en la música está considerado, como el primer director de la banda de música “La Filarmónica” de Los Realejos, una de las más antiguas de las que existen hoy en día en Tenerife, y a la cual prestó y dedicó todo su apoyo. En cuanto a su perspectiva socioeconómica, Felipe Machado destacó tanto como empresario agrícola, como en el sector inmobiliario, demostrando tener a lo largo de su vida una gran capacidad empresarial y de gestión de sus numerosas propiedades, permitiéndole obtener un gran rendimiento a todos sus bienes. Además dada la falta de bancos en las islas, se convirtió en prestamista a través de créditos hipotecarios a numerosos amigos y conocidos.
Como muchos de sus ascendientes, se acercó a la política, teniendo el honor de ser junto a Patricio Estévanez el primer vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife, cargo al que accedió en la primera e histórica sesión celebrada en los salones del Palacio Municipal de Santa Cruz de Tenerife, la tarde del domingo 16 de marzo de 1913. Fue también Diputado Provincial por Tenerife y Alcalde del municipio del Realejo Bajo. Felipe Machado y Benítez de Lugo nació en la orotavense calle del Agua (hoy Tomás Zerolo) el 5 de mayo de 1836, siendo el tercer hijo del matrimonio formado por Lorenzo Machado Ascanio y María Teresa Benítez de Lugo y Valcárcel. Cinco días después de su nacimiento fue bautizado en la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava por Ignacio de Llarena y Franchi, quien le puso por nombre Felipe Ángel de Santa Teresa Pertenece, como su propio apellido indica, a dos de las familias más importantes dentro de la historia de Tenerife, los Machado y los Benítez de Lugo, y no sólo por ser familias de conquistadores, sino también por pertenecer a los primeros pobladores de esta isla, y cuyos linajes han ido formando con el tiempo gran parte de la nobleza canaria. Además, uno de sus ascendientes directos, Inés de Lugo, esposa de Juan Benítez Pereyra y por el que se formó su apellido Benítez de Lugo, era hermana del Adelantado Alonso Fernández de Lugo, conquistador y gobernador perpetuo de las islas de Tenerife y La Palma y capitán general de la costa de Berbería. De este matrimonio entre Juan Benítez Pereyra y la hermana del Adelantado, nació Bartolomé Benítez de Lugo, conquistador como su padre y su tío, y regidor perpetuo de Tenerife, y que además fue uno de los primeros pobladores y patriarcas de La Orotava, donde no sólo levantó su residencia, la casa principal de los Benítez de Lugo, sino que frente a ella edificó, en 1519, el convento de San Lorenzo de religiosos franciscano. Y al igual que los Benítez de Lugo, la familia Machado fue también de conquistadores, que llegó a Tenerife de la mano del portugués Lope Machado de Amaya, y sus hijos Sebastián y Pedro, junto a Alonso Fernández de Lugo. Sebastián, ascendiente directo de Felipe Machado, fue además, el fundador del núcleo poblacional de Tacoronte, y de su iglesia parroquial dedicada a Santa Catalina mártir. En 1857 y con 21 años de edad, contrae matrimonio con Elena Benítez de Lugo y Benítez de Lugo, hija de los VII marqueses de la Florida, Luis Jerónimo Benítez de Lugo y del Hoyo-Solórzano y Elena Benítez de Lugo y Urtusáustegui, en la iglesia de la Concepción de La Orotava. La boda se celebró el 16 de noviembre de ese año y tras el enlace, Felipe Machado, subteniente del Batallón de ligeros de La Orotava, y su esposa, fijaron su residencia junto a sus padres y hermanos en la casa Machado de la antigua plaza del Teatro, donde vivieron durante casi 10 años. Felipe Machado está considerado hoy en día uno de los alfombristas más importantes que han existido dentro de la historia de este género artístico en Canarias, y no sólo por ser el pionero en la elaboración de las alfombras en la plaza del Ayuntamiento con motivo de la Octava del Corpus Christi, sino sobre todo por su calidad artística y por su constante innovación, tanto desde el punto de vista artístico como desde el de los materiales a utilizar. Felipe Machado comenzó en el mundo de las alfombras de joven, siendo el responsable de confeccionar, durante la segunda mitad del siglo XIX, la alfombra de la Casa Machado, que se elaboraba en la antigua plaza del Teatro frente a su histórica casa.
En este lugar, que hoy en día correspondería con la explanada situada frente al lado norte de la plaza Patricio García y al monumento al alfombrista, desplegó todo su arte e imaginación el gran alfombrista orotavense, realizando la alfombra de su Casa, que al igual que otras ilustres y aristocráticas familias orotavenses comenzaron a elaborarlas a imitación de los Monteverde a finales de los años 50 del siglo XIX. Gracias a él la alfombra de la familia Machado rivalizaba a finales del siglo XIX tanto en calidad como en popularidad con la mismísima alfombra de la familia Monteverde, la alfombra magna, aunque ambas se confeccionaban siguiendo estilos diferentes. La alfombra de la familia Monteverde seguía fiel a su tapiz cuadro basado en escenas eucarísticas y con una leyenda bíblica alusiva en su parte inferior; mientras que Felipe Machado realizaba difíciles medallones decorativos en los cuales destacaban tanto la suave distribución de sus colores como la gran variedad de semillas y flores utilizadas. Además, y a diferencia de la familia Monteverde, que realizaba la alfombra sobre una hoja de estera de palmera canaria en la que ya estaba dibujado el boceto y al que se le añadían las figuras más complicadas que se elaboraban varios días antes, Felipe Machado las realizaba sin ningún tipo de moldes ni diseño, y únicamente ejecutando admirablemente cuanto concebía su imaginación. Y esto es una característica muy importante en él, dado que si bien es verdad que hoy en día se conservan más de 100 bocetos suyos para alfombras del Corpus, también lo es, que muy pocos fueron luego confeccionados por él en la calle. Lo que hacía era plasmar posibles diseños de alfombras en un papel inspirándose para ello en su imaginación o en cualquier decoración de las tantas que existían en su casa, pero que llegado el momento de confeccionar la alfombra utilizaba partes de todas ellas, creando así algo nuevo. Sus alfombras se diferenciaban de las demás en cuatro aspectos fundamentalmente. En primer lugar, en su tamaño y forma dado que era la mayor de todas las que se confeccionaban y prácticamente la única que se realizaba de forma circular. En segundo lugar, en los materiales que utilizaba, ya que a diferencia de las otras, no sólo utilizaba las flores y el brezo tradicional sino también semillas, dátiles, eucaliptos, piñas, conchas de mar, etcétera, con los que adquiría una gama mayor de colores y tonalidades. En tercer lugar sus alfombras carecían muchas veces de simbología religiosa, o alguna alusión eucarística, por lo que incluso llegó a ser considerado como ateo por el destacado escultor, restaurador y alfombrista José María Perdigón. Y por último, aunque no por eso menos importante, es que todas sus obras poseen un signo especial, que las hacen ser fácilmente identificables hoy en día, por lo que podríamos considerarlas como de autor, habida cuenta del interés que el propio Felipe Machado demostró siempre por conservar sus propias señas estilísticas. Con el nuevo siglo comenzó a delegar en sus amigos, la confección de su alfombra, dedicándose únicamente a diseñarla y a colaborar en la organización de las Fiestas. En 1919 Felipe Machado decidió realizar la primera alfombra en la plaza del Ayuntamiento para la festividad de la Octava del Corpus, dando lugar así a una tradición, que no sólo aún perdura en el tiempo, sino que su originaria idea es hoy motivo de orgullo para los orotavenses que ven en la alfombra de la plaza algo digno de ser considerado Patrimonio de la Humanidad. Ese año y cogiendo a todos por sorpresa, Felipe Machado decidió realizar uno de sus artísticos medallones en la plaza del Ayuntamiento, sin que sus 83 años de edad fueran un obstáculo para ello. Era el día 26 de junio de 1919 y el Santísimo pisaba por primera vez una alfombra de flores en el incomparable marco de la plaza del Ayuntamiento. Ese día, con las calles hecha flor y la plaza hecha arte, La Orotava vivió uno de los momentos más inolvidables de su larga y apasionante historia. Tras el inenarrable momento de la entrada en la plaza, -era la primera vez también-, un coro interpretó junto a la banda municipal de La Orotava del maestro Calamita, el Tantum Ergo, siguiendo al acto un vibrante sermón del canónigo magistral Heraclio Sánchez desde el balcón central del Ayuntamiento.
Tras el impacto de esta primera alfombra, Felipe Machado quiso al año siguiente superar lo que ya parecía insuperable y confeccionó a sus 84 años, un monumental tríptico que llegó a cubrir gran parte de la plaza. El resultado fue un alarde de arte y buen gusto y una demostración del entusiasmo y aliento del señor Machado. Una vez terminadas estas fiestas, el concejal Fernando Méndez Ponte propuso que el Ayuntamiento le entregara tanto a Felipe Machado como a los señores Monteverde, en gratitud y agradecimiento por toda la labor realizada año tras año en el engrandecimiento de estas fiestas que tan honrosa fama han dado a La Orotava, un pergamino en el que se consignase esta gratitud y estimación del Consejo Municipal. En 1921 Felipe Machado realizó una nueva alfombra en la plaza y en la que destacaba una enorme letra C que contenía en su interior una ostia y el resto de la palabra corpus. Esta idea ya había sido utilizada por Felipe Machado en la plaza del Teatro en 1907 para confeccionar uno de sus destacados medallones, y que en su momento la prensa de la época definió como precioso medallón en cuyo centro se destacaba la letra C, perfectamente dibujada sobre el fondo verde y pendiente de ella la tiara y las llaves pontifícias, cerrando el tapiz un precioso y artístico dibujo que resultaba brillante y sorprendente. Pero a pesar de que como hemos dicho, la idea principal de esta alfombra de 1921 ya la había realizado Felipe Machado y era fácil de entender su significado, una letra C de grandes dimensiones y en su interior el resto de la palabra corpus, es decir orpus, se produjeron anécdotas curiosas y divertidas con respecto a esta obra, como así nos recuerda la prensa de la época:

Una de las monumentales alfombras de Felipe Machado en la plaza del Alfonso XIII, tenía como principal asunto la palabra corpus, que el gran artista dibujó como él sabe hacerlo. Centenares de personas desfilaban por la plaza para contemplar el primoroso tapiz, en el que no se sabía que admirar más, si la armonía de sus líneas y colorido, o los extraños elementos de que se valía para obtener los efectos más raros. Pues bien, un forastero que sin duda quiso pasar por muy leído, dijo a algunas personas que tenía a su lado: parece mentira que don Felipe y los que hace tantos días están viendo confeccionar la alfombra, no se hayan percatado de que le falta la C, a la palabra corpus.¿Qué dice usted?, interrogó con asombro uno de los del grupo.Qué le falta la c, ¿no ve usted que no dice sino orpus? En efecto, la c no tenía sino más de veinte metros de largo que el ingenuo letrado no acertó a distinguir.

Ese año recibió Felipe Machado en su casa y de manos de uno de sus amigos un divertido poema sobre las alfombras de La Orotava, y que definen perfectamente lo que eran sus obras. Parte de este poema dice así:

Es don Felipe Machadoun artista sin segundo, para el Redentor del mundouna alfombra ha dibujado,pues de todo el alfombradoes la más rica y mejorpor su grandeza y primor.En la plaza del rey treceestá, digan si mereceplácemes ese señor.No ha utilizado las flores,si, mil cosas del país,trigo, dátiles, maízy tierra de mil colores.Pues estos son sus primoresNísperos y calladitos, erizos del mar, chochitos y pedazos de carosos, forman el conjunto hermoso que no lo hay más bonito. Hojas secas y papitas blancas y negras, judías con orden y simetría y de aceviño vaguitas.Otras habría muy bonitas cierto, pues las voy a ver para escribir y poner con mi mal cortada pluma la tanta belleza suma y de Dios su gran poder.

Como se aprecia perfectamente, Felipe Machado utilizaba una gran variedad de productos naturales en sustitución de las flores, por lo que sus alfombras pasaron a ser conocidas como las alfombras de cereales de Felipe Machado.

A pesar de que estas alfombras producían gran admiración, también le provocaban grandes problemas, que fueron comentados en su momento por Isabelino Martín Díaz, uno de los grandes alfombristas orotavense, y que de niño llegó a ayudar junto a sus compañeros de la Academia Municipal de Dibujo al destacado artista octogenario. Isabelino decía:

Aunque soy un fiel admirador de las alfombras de flores, las de cereales de don Felipe Machado me producían gran admiración. Me parece aún verlo en la plaza del Ayuntamiento. Fui uno de sus ayudantes como tantos otros compañeros de la Academia de Dibujo. La obra de don Felipe era admirable, perfecta de líneas y color. Era el tapiz de arroz, garbanzos, judías, lentejas, maíz y no recuerdo cuantos frutos más. La comenzaba unos dos meses antes de la Octava del Corpus.

Tenía un enemigo que amenazaba destruirle la obra, alterarle las líneas, desdibujarle las figuras.
Este enemigo eran las palomas. Principalmente las que anidaban a cientos, entonces, en los campanarios y rincones de las bóvedas del templo de la Concepción. Los tableros sobre las alfombras eran el escudo protector. Otro enemigo ponía a prueba la bondad y paciencia benedicta de don Felipe, la humedad. Por ella solían germinar los granos y se imponía entonces la necesidad de reponerlos. Al fin, la constancia triunfaba contra tales obstáculos y la maravillosa alfombra irradiaba toda su belleza en la Octava del Corpus.

En 1923 se produce un acontecimiento extraordinario y que marcó el devenir de las alfombras de ese año. Por primera vez en la historia iban a ser filmadas para una película documental sobre Tenerife, las alfombras de esta Villa, y en donde iba a tener un protagonismo especial la de Felipe Machado en la plaza del Ayuntamiento. La película, rodada por el cineasta José González Rivero, causó un autentico revuelo en el municipio, dado que éste ya había informado previamente de su intención de reproducir estas alfombras para incorporarlas a un proyecto más ambicioso que divulgara la isla de Tenerife en América. La Película, titulada Revista de Asuntos tinerfeños número 4, fue estrenada en el Teatro Leal de La Laguna, el 14 de julio de ese mismo año.En 1924 y con 88 años vuelve Felipe Machado a la plaza a realizar su especial homenaje al Santísimo en forma de tapiz, y esto motiva desde la prensa de la época, el sentimiento de que ya es necesario rendirle un homenaje a quien tanto ha hecho por las alfombras y por La Orotava.

Al contemplar este año en la plaza de Alfonso XIII, la más hermosa alfombra que ha producido la fantasía de don Felipe Machado, creíamos que había llegado el momento de que La Orotava testimoniase su gratitud y su admiración al artista que en una tan dilatada como patriótica labor había enaltecido el nombre de nuestro pueblo con sus incomparables y originales tapices de la Octava del Corpus. Así lo expusimos en el número de la prensa correspondiente al 25 de junio próximo pasado. Nos cabe la satisfacción de que nuestra iniciativa fue recibida con general beneplácito y hasta con el aplauso alentador que era de esperar. Y subió de punto esta satisfacción cuando vimos que persona de la cultura de don Manuel Santos y de don Leocadio Machado se ocuparon públicamente, también en la Prensa de 1 del corriente de dar forma al homenaje al señor Machado proponiendo que se reproduzca una de sus alfombras con mosaicos de colores, en el mismo sitio donde el artista las confeccionó hace años.
Para obviar estas dificultades se nos ocurre que podía hacerse en una gran vidriera de colores y colocarla en el ventanal, ampliándolo hasta donde sea necesario, que se halla en el primer tramo de la escalera central del Palacio Municipal. Dicha vidriera podría ostentar también el retrato del señor Machado y una inscripción de homenaje al artista.

Felipe Machado realizó ese año un tapiz monumental y en el que nuevamente introdujo la figura humana como elemento más significativo. Como ya hemos comentado, sus alfombras carecían muchas veces de un motivo religioso que las identificara con la festividad a celebrar, siendo la de este año un claro ejemplo de esto, dado que no posee ni un detalle religioso, y si mucho diseño candelieri extractado de la cultura renacentista, Jarrones que se entremezclan con guirnaldas y cabezas de caballos salen de farolillos chinos para venerar en la hornacina central a un hipotético drago milenario, esencia de lo canario, como valor vernáculo.

Este mismo año y por primera vez en la historia aparecen fotografías de las alfombras de flores orotavenses en la prensa tinerfeña, y más concretamente en el periódico La Prensa, de Santa Cruz de Tenerife. En 1925 vuelve a realizar un tríptico en la plaza, que logra cubrir gran parte del recinto, gracias sobre todo a las grandes dimensiones del tapiz central que con sus 22 metros de largo por 15 de ancho fue catalogada como la mayor alfombra que se había confeccionado hasta ese momento en La Orotava.

Diariamente desfilaban por la citada plaza numerosas personas para contemplar el maravilloso tapiz que iba desarrollando con su habitual maestría.Como en los años anteriores, volvió a utilizar la figura humana como elemento más destacado de un medallón en el que la simetría y la perfección de sus líneas fueron sus características fundamentales. Este año decidió colocar nuevamente una leyenda alusiva a la festividad y que no realizaba desde 1921. La gran alfombra central estaba unida a las dos laterales, formadas por sendos medallones circulares muy elaborados, por medio de unos dibujos que representaban unas caras de animal sosteniendo la palabra Orotava, y sobre ellas unos hermosos jarrones.

Don Felipe Machado, del cual no sabemos que admirar más, si su prodigiosa imaginación, siempre lozana o su resistencia para una labor tan ruda y prolongada, que requiere las energías de la juventud, ha confeccionado en esta plaza, no sólo la alfombra de mayores dimensiones construida hasta hoy entre nosotros, sino que para demostrar su capacidad en el trabajo, ha hecho dos más en los extremos de la citada plaza. Las tres primorosas alfombras, que desde hace días vienen causando la admiración de las gentes, pertenecen a ese género inimitable creado por el gran dibujante, que seguramente morirá con él sin que quede una muestra de su ingenio.

En 1926, con 90 años de edad, volvió a realizar otro tríptico en la plaza, pero esta vez con el añadido, de que un mes antes de la Octava del Corpus, tenía finalizado su tapiz central. El motivo fue una petición que le hizo el Ayuntamiento orotavense para que los miembros del Congreso Geológico Internacional que se estaba celebrando en Tenerife pudieran contemplar la famosa obra de Felipe Machado.

Para ello y a pesar de que las fiestas mayores de La Orotava de 1926 iban a celebrarse el día 10 de junio, Felipe Machado terminó el tapiz central el martes 11 de mayo, 6 días después de cumplir los 90 años de edad. Después de obsequiarles con un refrigerio, los profesores que componen la comisión del Congreso Geológico Internacional emprendieron marcha a esta villa, donde la llegada era aguardada desde bien temprano por numeroso público que les tributó un entusiasta recibimiento. Varios lugares de la villa se hallaban adornados con alfombras de flores que merecieron unánimes elogios de los ilustres huéspedes. La plaza Alfonso XIII lucía toda su parte central cubierta por los artísticos dibujos y vistosos colores de un enorme tapiz confeccionado por don Felipe Machado, el cual fue felicitadísimo por lo bello y delicado del trabajo. También llamó poderosamente la atención a los congresistas otra alfombra confeccionada en la plaza de la Constitución por don Diego Álvarez y don Benjamín Sosa la cual lucía dibujado, el sello especial del Congreso Geológico y que igualmente mereció grandes elogios. Luego visitaron el Ayuntamiento, la Hijuela y la Concepción, dando seguidamente un concierto la banda municipal dirigida por el maestro Calamita.

La alfombra de la plaza del Ayuntamiento, que puede ser considerada como una de las obras de Felipe Machado con mayor simbología religiosa, contenía en su parte central una enorme cruz, y en la inferior el escudo pontificio. Además esta obra llamó poderosamente la atención tanto por su detallismo y simetría, ejes fundamentales de toda la obra machadiana, como por la variedad y elevada cantidad de figuras animales que poseía. En este sentido dibujó, junto a su famosa y conocida águila, sendas figuras de caballos, aves y dragones, junto a dos grandes elefantes que le sirvieron además, de unión con los tapices laterales. Estas figuras de animales, muy utilizadas en sus bocetos, no tuvieron luego un gran reflejo en la obra plasmada por el artista orotavense, tanto en el suelo empedrado de la plaza del Teatro como en el enlozetado de la plaza del Ayuntamiento. El águila es uno de sus elementos más recurrido y característico y entre sus bocetos para alfombras se pueden ver algunos proyectos en los que gatos y gallinas conforman el eje fundamental de la obra.

Para los laterales recurrió nuevamente a sus medallones y en los que destacaban en uno la palabra Orotava y en el otro un nuevo rostro humano.Al año siguiente confeccionó Felipe Machado su último tríptico, y en donde destacaba en su parte central, la figura de un ángel y la leyenda: Al Corpus La Orotava 1927. Este año, y como ya había ocurrido en 1923, las alfombras fueron nuevamente filmadas para una película documental sobre Tenerife, pero con un significado añadido: iban a ser filmadas por una productora alemana para potenciar turísticamente la isla en Alemania. La alfombra de Felipe Machado, que asombró nuevamente a todos, y no sólo por su peculiar manera de combinar los colores con los más raros elementos, sino por la magnitud de su trabajo, ya que tapizó prácticamente toda la plaza, fue además plasmada en acuarela por un pintor alemán, que vino expresamente para ello, con el fin de que así se pudiese apreciar mejor y con más exactitud fuera de La Orotava, la grandiosidad de su obra. En 1928 realizó un único tapiz, utilizando para ello tanto el centro de la plaza como la parte inferior de los dos laterales. Este años realizó una obra distinta a sus habituales medallones, dibujando esta vez una alfombra en la que destacaba una balaustrada en la parte inferior y un esbelto jarrón con flores encima, ya utilizado con anterioridad en otras obras, y que contenía en su interior el célebre e histórico drago orotavense. La alfombra, que al igual que todas las anteriores recibió los mayores elogios por su brillantez y elegante estilo, tuvo en los Reyes de Bélgica Don Alberto y Doña Isabel a sus mayores admiradores, llegando la propia reina a fotografiar la obra. Los Reyes de Bélgica, de visita en Tenerife, estuvieron en La Orotava el lunes previo a la festividad de la Octava del Corpus y visitaron además de la alfombra de Felipe Machado, la Hijuela del Botánico y el consistorio villero, acompañados entre otros por el alcalde orotavense Cándido Pérez Estrada. Los reyes llegaron a la villa procedente de Aguamansa, lugar al que había mostrado mucho interés en visitar el propio monarca, y tras la visita al casco se trasladaron al Hotel Taoro en el Puerto de la Cruz.

Ese año los periodistas desplazados a La Orotava para relatar la Octava del Corpus le preguntaron a Felipe Machado como iba a ser la alfombra de su centenario, a lo que el respondió, que para entonces podrá hacer algo definitivo ya que estará en posesión de la necesaria experiencia. Pero lo que no sabía es que la del siguiente año, 1929, iba a ser su última obra, dado que fallecería meses después, haciendo buena por fin, lo que siempre solía decir de que sólo la muerte le impediría seguir confeccionado su alfombra en la plaza. En 1929 realizó por tanto su undécima y última alfombra en la plaza del Ayuntamiento, y que se convirtió nuevamente en la obra cumbre de la festividad de la Octava del Corpus. Felipe Machado volvió a utilizar en este tapiz, algunos de sus elementos que más caracterizaron su obra, como fueron al águila, el drago y la letra c, y que dada la habitual simetría de sus obras, dibujó doblemente, colocando además bajo ellas, la leyenda confeccionada en 1927, Al Corpus La Orotava.

Este año, la revista norteamericana Nacional Geographic, desplazó a la isla a dos de sus más destacados reporteros, David Fairchild, y Wilhem Tobien, para realizar un reportaje sobre Tenerife, y en el que incluyeron varias imágenes de las alfombras de flores, entre las cuales se encontraba la de Felipe Machado en la plaza del Ayuntamiento, que calificaron como digna de ser firmada y patentada por cualquier notable artista que confecciona las famosas alfombras de Oriente. Este don Felipe, el de las barbas de chivo y labios de jóvenes fluctuaciones aún entre la maraña parda, sube y baja con su figura encorvada por la ancha escalinata. Hace sol y un enorme paraguas lo preserva del calor. Con sus manos pálidas, que asoman como sarmientos de entre los pliegues amplios y negros de su abrigo, sostiene un papel. Sube. Baja de nuevo y medita sentado en un sillón. Se levanta otra vez. Con la mano izquierda sostiene el paraguas y el pliego misterioso. De la mano derecha una caña y en el extremo un yeso adherido. Traza unos signos sobre los baldosines negros y blancos. Consulta el papel, vuelve a trazar. Y por fin, encorvado como una interrogación, comienza a derrochar trazos sobre el pavimento.Del yeso surgen figuras y más figuras: cuadrados, círculos, espirales que se elevan hasta parecer esfumadas: retorcimientos de líneas en una epilepsia geométrica. Un medallón, muchos símbolos. Un tapiz. Y todo descansa en una simetría pura, serena, sobre la silenciosa plaza.Este don Felipe, este don Felipe…

Todos lo hemos visto ocupado en su labor año tras año. Y ya son muchos lo que pesan sobre él. En una ocasión que le saludábamos cuando más entusiasmado estaba haciendo la distribución de colores para su soberbio tapiz, contestó a una pregunta nuestra: Sí, sí. Indiscutiblemente será la última. Con noventa y cuatro años no se puede estar bajando y subiendo esas escaleras. Después, encorvado siempre, siguió llevando cuenta de trazos y proporciones. Y no obstante, aquella voz senil, pausada, tenía un alegre sonido de alma joven y de esperanzas óptimas.

Las alfombras de flores de La Orotava se han venido confeccionando a lo largo de la historia para honrar al Santísimo el día de la Octava del Corpus Christi siguiendo así con la tradición que comenzaron, a mediados del siglo XIX, la familia Monteverde y del Castillo. Pero con el tiempo se empezaron a realizar alfombras que nada tenían que ver con este motivo inicial, siendo Felipe Machado y Benítez de Lugo uno de los primeros que iniciaron esta nueva modalidad, y que podríamos denominar como alfombras especiales.Al principio nacieron como una simple muestra de las que luego se iban a realizar el día grande de la festividad, confeccionándose en la antigua calle de la Hoya, hoy Hermano Apolinar, justo el miércoles antes de la Octava. Pero luego, convertidas ya en una de las señas de identidad más importantes de La Orotava se transformaron, no sólo en el mejor regalo que le podía ofrecer el municipio a cualquiera de sus ilustres visitantes, sino además en el acto principal de todas sus conmemoraciones y manifestaciones principales. La primera de estas alfombras se realizó en el Puerto de la Cruz en 1893, cuando los más notables alfombristas orotavenses le confeccionaron a S.A.R. la Infanta Doña Eulalia, hija menor de Isabel II y hermana de Alfonso XII, una gran alfombra de flores, en el “parterre” del Gran Hotel Taoro, y en la que muy probablemente intervino el propio Felipe Machado, dado el prestigio del que ya gozaba por esa época. No en vano, fue solicitado por el propio gerente de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, que construyó el Hotel Taoro, para que dirigiera al pintor portuense Marcos Baeza en la decoración de varios salones de dicho recinto.

Lo que si es seguro es que suya fue la segunda de estas alfombras especiales, y que se confeccionó en una de las huertas de los jardines de la marquesa viuda de la Quinta Roja, Sebastiana del Castillo y Manrique de Lara, con motivo de la Exposición de Floricultura que organizó en dicho lugar Hermann Wildpret e Ignacio Llarena en 1901. En los jardines, Sebastiana del Castillo mandó construir un monumento para perpetuar la memoria de su único hijo fallecido y recordar así las injusticias con él cometidas y para que sirviera de ejemplo en el porvenir y contribuyera a desterrar los horrores del fanatismo y la ignorancia, que según ella aún perduraban en nuestra sociedad, confeccionó uno de sus ya celebres medallones. Según la prensa de la época, Felipe Machado expuso una difícil y complicada alfombra hecha con semillas de plantas y otros objetos campestres que significaban un alegórico medallón, digna de su autor, que indudablemente, es un maestro consumado en este arte tan original. La alfombra, circular y de poco más de 7 metros de diámetro, guardaba, como toda la obra de Felipe Machado, una simetría perfecta, y estaba basada en formas geométricas. Un cuadrado central, en cuyo interior destacaban tres farolillos formando un ramo de flores, y en los que aparecían además de la fecha y lugar de la exposición, sendos figuras de animales e insectos, y que se superponía a otro cuadrado de tonos más oscuros y que tenía rematadas las puntas con semillas, hojas, y piñas de pino enteras.
Cada una de las ocho puntas de estos dos cuadrados superpuestos, que formaban una especie de estrella, estaba a su vez rodeada por otros ocho semicírculos. Alrededor de todo, una doble balda circular de corozos y una final adornado con piñas enteras de pino. Este diseño de alfombra fue nuevamente repetido por Felipe Machado pocos años después con motivo de la visita de S.M. el rey Don Alfonso XIII, quien visitó La Orotava, junto a su hermana la infanta María Teresa y su cuñado el príncipe de Baviera, el 28 de marzo de 1906. Similar diseño de cuadrado sobre cuadrado, con ocho semicírculos alrededor, pero en este caso con distintos adornos y motivo central, pero ahora aparecía el escudo de España sobre el mismo fondo blanco. Esta alfombra, como hemos dicho, realizada en la plaza del Ayuntamiento de La Orotava, es la tercera de estas alfombras especiales que se elabora en este lugar tras las realizadas en febrero y mayo de 1905 a la marina de guerra española y al ministro de Marina Eduardo Cobián. La alfombra constituyó uno de los ejes centrales de los actos organizados en La Orotava para recibir al joven monarca español, que llegó a las islas como el primer monarca reinante que visitaba este archipiélago, y lo hacía atendiendo a una creciente preocupación de la Corona por sus intereses comerciales en las regiones periféricas, tras los tristes acontecimientos de 1898 con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Ese día, La Orotava se volcó con su rey, invadiendo plazas y calles, engalanando las fachadas de sus casas, y aclamando al joven monarca a su paso. La entrada de S.M. a La Orotava la realizó por la calle Calvario, la cual estaba alfombrada con flores y que tanto él como su comitiva no dudaron en pisar.
Las alfombras continuaron en la plaza de la Constitución, donde esperaba el Regimiento de Orotava, y por las calles de San Agustín, Tomás Zerolo e Inocencio García, hasta la entrada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, a la cual el rey entró bajo palio que sostenían, los marqueses del Sauzal y San Andrés, el conde del Palmar, y Enrique Ascanio Estévez. Tras permanecer en el templo por espacio de unos diez minutos, la comitiva se desplazó hasta el Ayuntamiento, donde Felipe Machado había realizado su alfombra. El rey y su comitiva, al ver la obra, no quisieron pisarla, bordeándola hasta llegar a las escalinatas que dan acceso al Palacio Municipal. La gran cantidad de personas que invadían la plaza y calles contiguas, respetaron que aquella ofrenda era para su rey, y el pueblo la observaba como a una cosa sagrada. Mientras no la viera S.M. desde el balcón central y la pisara al salir, el pueblo, que no cesaba de vitorearlo, la respetaría. Tal fue la admiración que despertaron las alfombras en Alfonso XIII, y sobre todo la de Felipe Machado en la plaza, que el propio monarca quiso que le realizaran una de estas maravillas en Madrid, con motivo de su enlace matrimonial con Victoria Eugenia de Battenberg. En este sentido, el 9 de mayo de ese mismo año, el ministro de la Gobernación le envía un telegrama al Gobernador Civil de Tenerife, pidiéndole que se ponga de acuerdo con las personas que dirigieron y confeccionaron las alfombras de flores en La Orotava, para que inmediatamente preparen viaje a Madrid para hacer una alfombra en la plaza de toros con motivo de la corrida regia, prevista para el 2 de junio.
El Ayuntamiento de La Orotava, avisado de la noticia la mañana siguiente, por el propio gobernador Hernández Ledesma, convocó para esa misma noche una reunión urgente, dado que tan inesperada como honrosa comunicación telegráfica, interesa vivamente al buen nombre de este pueblo, y urge buscar los medios de satisfacer, las aspiraciones del Gobierno. En este sentido fueron llamados a dicha reunión, además de Felipe Machado y su hijo Lorenzo, alfombrista como él y profesor de dibujo lineal en el Colegio Taoro, 28 personas más, entre las que se encontraban, a parte de los presidentes del Casino y del Liceo y de las sociedades constructora y eléctrica, los más destacados alfombristas del momento, como Luís Monteverde y del Castillo, Ismael Xuárez de la Guardia, Guzmán Codesido Varela, Agustín y José Monteverde y Lugo, Francisco Álvarez González, Modesto Cruz Ledesma, Jesús María Perdigón, Diego Álvarez Casanova, Tomás Llarena, Nicolás Tolosa, Francisco Álvarez Farrais, Pedro Mora Morales, Tomás Reyes Barreda, Domingo Cruz, Casiano García Feo, José Cruz Ledesma, David y Urbano González, y Juan y Luís Benítez de Lugo. En esta reunión se decidió formar una comisión de alfombristas que organizara el viaje y diseñara la alfombra a realizar. Ese mismo día 10 de mayo de 1906, el propio rey Alfonso XIII, por Real Decreto expedido por el ministro de la Gobernación, Álvaro Figueroa, concedía al Ayuntamiento de La Orotava el tratamiento de Excelencia, queriendo de ese modo, dar una prueba de mi real aprecio a la Villa de La Orotava, provincia de Canarias, por su importancia histórica, así como su constante adhesión a la Monarquía Constitucional. En un principio se decidió que fueran siete las personas que conformaran la comisión para viajar a Madrid, aunque con posterioridad y tras realizar varias gestiones se consiguió la posibilidad de aumentar esa cifra hasta trece. El primer grupo, encabezada por Lorenzo Machado y Benítez de Lugo, el mayor de todos ellos, lo integraban, Guzmán Codesido Varela, los hermanos Agustín y José Monteverde y Lugo, José Cáceres Sánchez, Jesús María Perdigón y Manuel Morales González, que partieron hacia Cádiz, vía Las Palmas, la noche del 16 de mayo. Al final se decidió que el segundo grupo se quedara sin salir, dado que el mismo ministro no lo consideraba necesario, confirmando esta noticia Lorenzo Machado desde Madrid en telegrama mandado al alcalde orotavense, el día 24 de mayo. La comisión de hijos de La Orotava que ha llegado a Madrid con objeto de confeccionar la alfombra de flores en los festejos reales, lleva dos proyectos que por su originalidad y belleza delatan el hábil lápiz del distinguido señor Felipe Machado Y Benítez de Lugo. Es el uno, un caprichoso mosaico estrellado de tan difícil concepción como exquisito gusto y que une a la ventaja de ser apreciado desde cualquier punto que se mire, la de llenar completamente el terreno sobre el cual se haga. Ejecutado con tonos vivos ha de ser una nota de color preciosa. El otro es una composición artística de un mérito extraordinario, dibujado con una corrección de líneas poco vulgar.
Sobre un montante sostenido por dos columnas, mosaicos de esbeltez delicada, una gran águila explayada deja pender de su encorvado pico dos cadenas que terminan en sendos medallones cuyos anversos contienen un castillo y un león. En el sustentáculo de las dos columnas, dos dragones pasantes enlazan artísticamente sus larguísimas colas, terminando el dibujo con graciosas curvas que dejan caer de sus partes cóncavas, variadas flores.El remate superior es un conjunto armónico de atrevidas y elegantes líneas, trazadas con maestría, habilidad y soltura. Una dedicatoria rodea la composición quedando el todo cerrado con dos grandes anillos de preciosa greas. La comisión orotavense se decidió, nada más llegar a la capital de España, por el segundo de los bocetos, informando además que la obra iba a cubrir una superficie de 1.600 metros cuadrados. Esta alfombra, con pequeñas modificaciones ya había sido confeccionada por Felipe Machado en la plaza del Teatro, posiblemente en 1894, por lo que parece lógico pensar, que debido a la falta de tiempo y a la premura del viaje, no se pudo preparar una obra inédita para tan memorable ocasión. Aún así, esta no ha sido la primera vez en la historia de las alfombras de La Orotava que ha ocurrido un hecho similar, dado que en 1973, ocurrió lo mismo, elaborándose para la visita de los entonces Príncipes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, una alfombra confeccionada en 1958, en uno de los laterales de la plaza del Ayuntamiento.
El sábado 2 de junio, y como estaba ya preparado, comenzaron los alfombristas a realizar la alfombra, que el público no se cansaba de admirar, y que ocupaba casi toda la superficie del ruedo, exceptuando un par de metros que la separaban de la barrera. Pero cuando ya esta terminada y momentos antes de la llegada de los reyes, una violenta racha de viento levantó la alfombra provocando el disgusto en la comisión de alfombristas por este improvisado percance y que se unía a las grandes dificultades con las que se habían encontrado para realizar la alfombra, como la escasez y poca calidad de las flores y el pálido colorido del brezo. Pero a pesar de esto, el ministro de la Gobernación, que había visto por la mañana la alfombra de flores, felicitó a los alfombristas orotavense manifestando que estaba satisfecho por el trabajo realizado y que aunque hubiera costado el doble no se arrepentiría de volver a llamarlos porque había despertado la admiración entre los españoles. Lastima que obra tan bellísima haya desaparecido en unos cuantos minutos. La comisión regresó a Tenerife el sábado 9 de junio, procedente de Cádiz en el vapor Alfonso XIII. Dicha alfombra fue confeccionada nuevamente en las fiestas de la Octava del Corpus de La Orotava, por Lorenzo Machado y Benítez de Lugo, Guzmán Codesido Varela y el joven capitán de infantería Anatolio de Fuentes, en la plaza del Teatro, frente a la casa de la familia Machado y propiedad en esos momentos del sobrino de Felipe Machado, Eugenio Machado. En junio de 1910 La Orotava se preparó nuevamente para recibir la visita de un nuevo miembro de la familia real española, la infanta Isabel de Borbón, que llagaba a la isla, a bordo del buque Alfonso XII, haciendo escala de su viaje de regreso de Buenos Aires, en donde había estado representando a España, con motivo de la celebración del Centenario de la Independencia de la República Argentina. Nuevamente los orotavenses programaron como unos de sus actos más importantes, la confección de una alfombra de flores en la plaza del Ayuntamiento, por entonces llamada de Alfonso XIII, y que se encargó de realizar el propio Felipe Machado. La infanta, conocida popularmente como “la chata”, llegó a La Orotava el 18 de junio de 1910, en compañía del resto de la delegación española, que estaba integrada, entre otras personalidades, por la condesa viuda de Nájera, el marqués de Gerona, el conde de Pozo Ancho del Rey, el embajador Juan Pérez Caballero y el pintor González Bilbao. La comitiva, que fue recibida por las autoridades civiles, militares, judiciales y eclesiásticas de la localidad, así como por el Regimiento de Orotava y por una representación de los centros oficiales y sociales de la villa, se dirigió primeramente a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, para luego continuar la visita en el Ayuntamiento, en cuya plaza se había confeccionado la alfombra, en nombre de todos los villeros. La infanta manifestó que no tenía palabras con que ensalzar la grandiosidad de lo que veía, mandándole a los pocos días, una foto suya dedicada, al propio artista orotavense. La histórica visita finalizó con una velada en la Hijuela del Jardín Botánico, a la que asistieron todas las autoridades de La Orotava y del Puerto de la Cruz, y tras la cual la comitiva partió hacia Santa Cruz, para esa misma noche zarpar hacia Las Palmas de Gran Canaria.

sábado, 26 de julio de 2008

JOSÉ AGUTÍN ÁLVAREZ RIXO

HISTORIADOR Y EX ALCALDE DEL PUERTO DE LA CRUZ.

Artículo recibido de: Bruno Juan Álvarez Abreu


Nació en Puerto de la Cruz en 1796 y falleció en dicha localidad en 1883. Fue uno de los principales historiadores canarios del siglo XIX y también cultivó el género teatral... Sus principales obras son: Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava : 1701-1872; Catálogo de voces de indígenas canarios; Cuadro histórico de estas Islas Canarias o noticias generales de su estado y acaecimientos más memorables durante los cuatro años de 1808 a 1812; Historia del puerto de Arrecife en la Isla de Lanzarote, una de las Canarias; Historia de dos puertos canarios; Lenguaje de los antiguos isleños; Voces, frases y proverbios provinciales de nuestras Islas Canarias con sus derivaciones, significados y aplicaciones; Voces, frases y proverbios provinciales de nuestras Islas Canarias con sus derivaciones, significados y aplicaciones.

El Instituto de Estudios Hispánicos (IEHC) del Puerto de la Cruz le rindió un merecido homenaje en el mes de junio del 2008 a la figura del intelectual tinerfeño Agustín Álvarez Rixo con un ciclo de conferencias. El filólogo y escritor José Javier Hernández García impartió una charla titulada "Julián Fernández Calzadilla: los viejos caminos de la memoria".

Se presentó el libro "Noticias biográficas de algunos isleños canarios", de José Agustín Álvarez Rixo. El profesor de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández González, disertó sobre "Álvarez Rixo entre la Ilustración y el Liberalismo". La profesora de Historia Contemporánea de la ULL, Teresa Noreña Salto, fue la encargada de exponer la conferencia "Tenerife en la época de Álvarez Rixo".

El profesor de Historia Moderna de la ULL Adolfo Arbelo García describió cómo era La Orotava en la época en la que vivió Álvarez Rixo. Y, finalizó este ciclo de conferencia IEHC con "Canarias en la época de Álvarez Rixo", intervención protagonizada por el actual presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Pérez García. Cabe recordar que José Agustín Álvarez Rixo, nacido en 1796 en el Puerto de la Cruz y fallecido en 1883 en el orotavense barrio de La Luz, fue, a través de sus estancias en Madeira, Arrecife de Lanzarote y el Puerto de la Cruz, el prototipo de toda una generación de intelectuales canarios herederos del impacto formativo del catolicismo ilustrado y del ambiente cosmopolita y liberal del comercio portuense.

Álvarez Rixo fue alcalde del Puerto de la Cruz en varias ocasiones y activo colaborador de la prensa insular. A lo largo de su vida redactó muchas obras que permanecieron inéditas mucho tiempo. La trasera de la casona de Ventoso linda con otro gran inmueble del siglo XVIII, en estado de abandono, que fue la casa natal del cronista y alcalde portuense José Agustín Álvarez Rixo, nacido en 1796. Hijo de comerciantes portugueses, fue el artífice de la unificación y conservación del archivo municipal y aparte de político, escritor, diputado de sanidad y juez de paz, llegó a ser corresponsal del diario británico The Times. En la elegante fachada del inmueble destacan sus balcones de hierro.

Como aportación complementaria de carácter documental sobre la presencia de los majoreros en el Puerto de la Cruz de la Orotava, consultamos los recopilados por José Agustín Álvarez Rixo. Anales 1701-1872, en cuanto hacen referencia a la Virgen de la Peña de Francia y la de Nuestra Señora de la Peña de Fuerteventura, conocida como la Virgen de la Peñita, y la vinculación de ambas con los majoreros, asentados desde siempre en el Puerto, como pescadores, caleros, en suma emigrantes forzados por las penurias cíclicas que en su isla de origen tienen lugar. Desde siempre y a partir de la conquista castellana, el Valle de la Orotava por sus condiciones favorables desde cualquier perspectiva, ha sido receptor de población foránea, en torno a su puerto de exportación de mercancías y por el que a su vez entra riqueza y cultura. La importancia que tiene el medio geográfico para captar poblamiento es fundamental, y el Valle con sus factores atrayentes, agua, vegetación y excelentes zonas de cultivo, sin despreciar otros, derivados del mar y del puerto, han posibilitado esa afluencia foránea de la que no es menor la que estudiamos. A este respecto y consultado el libro editado por el Ayuntamiento de La Orotava, El Puerto y Los Realejos, El Valle de la Orotava, 1983.

El amigo y convecino Isidoro Sánchez García, uno de sus autores expresa "los conquistadores castellanos iniciada la última fase del proceso de conquista, convierten su tarea en empresa política, económica y religiosa. Una vez conseguida la victoria sobre los “guanches”, habitantes primigenios en el Archipiélago, precisamente con punto final en el Valle de Taoro, culminan la empresa iniciada intentando conseguir el máximo rendimiento en los fines, sin importar los medios empleados, y con el objeto de resarcir los cuantiosos gastos de guerra que ocasionó esta última etapa conquistadora". De esta forma, y llegados al Valle, los hombres de Lugo se reparten se reparten las excelentes tierras de cultivo y pastizales y en suma se apropian del medio geográfico, y añade Isidoro Sánchez, " no para atenderlo o cuidarlo, sino para forzarlo a producir para beneficio de sus nuevos habitantes sin importarles el medio o la armonía ecológica que hasta el momento habían creado los referidos guanches".

Al paso del tiempo se desarrollarán todo tipo de cultivos agrarios fácilmente adaptables a su climatología, caña, viña, nopales, chumberas, plataneras, con rendimientos siempre óptimos, en los que no es ajeno el Puerto de La Orotava, con sus permanentes contactos con el mundo económico exterior. Esta actividad portuaria, en los tiempos que estudiamos, fue elemento aglutinador de poblamiento, que cambiaría de actividad económica según demandaran las circunstancias, pero que nunca abandonaría o cambiaría de lugar de residencia, salvo las ya tópicas y conocidas de la emigración a América, nunca excesiva desde este lugar, como si lo fue claro receptor de emigración.

En torno a la Virgen de la Peña de Francia, en sus Anales, Álvarez Rixo, ya alude desde el primer año desde el que parte su estudio, 1771, y así extraemos " que puesto que la anterior iglesia era un pobre curato, por el celo y buen ánimo del licenciado D. Mateo de Soussa, primer beneficiado, se debe la construcción de la actual parroquia, comenzada en el año 1
684 y concluida el de 1697. Por que a pesar que desde el mes de diciembre de 1603, comisionó el Cabildo a su Regidor, Antonio Lutzardo de Franchi para fundar el pueblo y una iglesia, parece fue a manera de ermita, dedicada a Nuestra Señora de la Peña de Francia; por lo cual, los vecinos edificaron su iglesia, siendo su patrono el Capitan Antonio Álvarez y su mujer María Hernández de Cháves, cuyo mediano templo estuvo sirviendo hasta dicho año 1684, ocupando siempre el local poco más o menos que la referida primera ermita. Mayordomo de la fábrica parroquial, lo era en el año 1701 de que escribimos, el licenciado Don Juan García del Castillo, quien continuó siéndolo muchos años después.

En el mismo año, Álvarez Rixo, alude nuevamente a esta parroquia, por la residencia que solicita el irlandés Bernardo Valois a) Walsh, natural de Waterford, quien alegó méritos acreditando amor al país y haber edificado la capilla de San Patricio de Nuestra Señora de La Peña. Esto n os confirma el crecimiento económico del Puerto y las relaciones comerciales con varios países del occidente europeo que atrajeron a nuestras islas a muchos extranjeros, en especial católicos irlandeses tras el triunfo de la revolución protestante de 1688 en Gran Bretaña.

En los inicios del siglo XVIII surgen en estas Islas los problemas, producto de esta relación internacional a través de sus puertos, y al hambre que ya se inicia desde mucho antes en Fuerteventura - y Lanzarote -, añadimos la fiebre amarilla que invade la Isla de Tenerife, surgida en su puerto en 1703, a la que siguen otras catástrofes como fueron las erupciones volcánicas de 1704, 1705 y 1706 en la Isla que producen el consiguiente pánico generalizado.

En el año 1739, se conoce que el Alférez de "forasteros" Gregorio Martín de Aguiar compró al Maestre de Campo Don Bartolomé Benítez de las Cuevas, en escritura de 14 de abril, el sitio para fundar la ermita de la Peñita en la Ranilla, cuya fábrica luego puso por obra dando nuevo aspecto a aquel malpaís, que yacía cubierto de cardones, tabaibas y otros matos silvestres. Se comenzó a construir en 1741, para finalizar, dice el documento de Rixo "por ahora", la ermita de Nuestra Señora de la Peña de Fuerteventura, comúnmente llamada de La Peñita, a causa de la pequeñez de la imagen, siendo sus fundadores el Álferez de forasteros Gregorio Martín de Aguilar y su mujer, quienes dotaron decentemente dicha capilla. Las andas de plata vistosamente laboreadas pesaban 23 y media libras y habían costado 6oo pesos a pesar de su corto tamaño, y que parece ser se vendieron posteriormente por alguna penuria económica.

En 1740 las islas son objeto de nuevos avatares, consecuencia de la política borbónica en sus guerras europeas y americanas con Inglaterra. En este año Fuerteventura sufrió dos desembarcos de corsarios ingleses siendo vencidos por las milicias y en los que hubo muertos por ambos bandos. Pero no sólo era el temor al desembarco para cometer pillajes, robos, destrucciones y muertes, sino también los ataques cometidos contra naves que comerciaban con Canarias y perjudicaban su economía. Ello motivo la mejora de las defensas de las islas siempre insuficientes.

En 1752 el matrimonio fundador de la ermita de La Peñita, ya apuntados, otorgan testamento, lo que hace recordarlo es, por razón de las costumbres que aquí había, puesto que sea para dar gracias a Dios, verles mandar decir mil quinientas y más misas a los frailes, alumbrar tantas de las libras de cera por fausto y para sus reverencias, y señalar únicamente cincuenta reales antiguos, o sea, cinco pesos corrientes para los pobres. Añade Rixo que un escándalo notable para los hombres que reflexionan y tienen buenos sentimientos cristianos. Pero los testigos eran frailes quienes poco se embarazaban con lo que cualesquiera lo pudiese censurar. Rixo no es partidario de dejar dinero para misas y cera y no dejar apenas nada para los pobres, lo que denota su espíritu ilustrado, progresista y tal vez masón en potencia.

El año 1771, conocido como el año más desgraciado de la Historia de Fuerteventura, aciago año que Don Antonio Rumeu de Armas, denomina "bíblico", en el artículo de AEA, citado. En las notas de la edición correspondiente a la década 80, página 103, nos ilustra con datos que por su interés entresacamos:" la escasez sigue siendo un mal endémico. Las formas de propiedad y tenencia de la tierra, el crecimiento de la población y la ampliación de las tierras dedicadas a la vid, en parte explican la escasez de granos en las islas durante gran parte del siglo XVIII". La sequía y la langosta son males añadidos a esta realidad. Dejan de ser suficientes los granos producidos en Fuerteventura para el mercado regional, y es preciso importarles de otros lugares del exterior, premisa constante para la isla de Tenerife. Es por ello que el Monarca, Carlos III, autorizara en diversas ocasiones la importación de trigo, y a veces autorizando donativos para algunas de las islas.

Apunta Álvarez Rixo, para el año 1784, las ofensas de que era objeto Gregorio Casañas, perteneciente a una familia, naturales del Puerto y muy vinculados al mundo comercial en esta localidad y especialmente con Fuerteventura abastecedora de barrilla. De los muchísimos pasquines satíricos y burlescos que se fijaron en dicho lugar, los más eran contra el citado Casañas, aludiéndose en algunos de ellos presuntas relaciones de una hermana con un fraile dominico lego nombrado Fray Matías Gutiérrez, o con otra parienta de Casañas, quien logró, a través del Comandante General, se desterrase a Fuerteventura al culpable principal de tales intrigas un tal Don Francisco, si bien este pleito con costas, contra Gregorio Casañas, "por no habérsele podido justificar cosa de provecho".

Por las relaciones comerciales habidas con las islas orientales, objeto de este estudio, Gregorio Casañas, condolido de saber la gran falta de agua que había este verano en la isla de Lanzarote, donde estaban pereciendo de sed gentes y animales, remitió generosamente a dicha isla una porción de pipas llenas de ese líquido para la vida, por lo que fue elogiado por el Comandante General, Braciforme, a través de carta y en "memorables autos de "Agua del Rey".

En 1790, hubo escasez de lluvia extraordinaria en el Valle, tanto que el 9 de marzo se puso en novenario la devota imagen del Poder de Dios. No obstante, al tercer día de la novena, sopló un viento "tan violento que arrancó todo cuanto halló" - lo que denota la falta de religiosidad y fe de Álvarez Rixo.

viernes, 25 de julio de 2008

DON EUSTAQUIO REGALADO CAIRÓS (1894 - 1956).

EL COJO REGALADO

Artículo recibido de: Bruno Juan Álvarez Abreu


Don Eustaquio Regalado Cairós (1894 - 1956), personaje popular de la Orotava conocido por “El Cojo Regalado”. Aún falta colocar un busto o cualquier monolito de piedra o bronce.

Las autoridades municipales deben obsequiar al ilustre personaje popular que dio vida a la caricatura lírica COSAS DEL PUEBLO. Escena costumbrista, cuyo libreto es original del letrado villero don Felipe Casanova y Machado, y la música del vallisoletano – orotavense don Tomás Calamita y Manteca.
En todos los pueblos habitan individuos que por su peculiar manera de ser llegan a alcanzar el rango de la popularidad. Son personas que parece han venido al mundo con la exclusiva finalidad de desvanecer indulgentes nuestras preocupaciones a la manera que el sol borra la negrura de las tinieblas. Son generalmente gentes de humilde origen, deformes en su constitución física y con alguna anormalidad de tipo psicológico, cosas ambas que les conquistan una especie de original aristocracia.
Muchos de ellos han pasado a la novela, al teatro y a la pintura, cobrando tal importancia, que no sabemos si ellos dan lustre al artista o el artista es quien lo eleva sobre la vulgaridad de las cosas. De estos hombres populares, La Villa tenía uno que era el prototipo de la gracia y una caricatura de la figura humana.
Contrahecho y rechoncho, con su característico andar renqueante, deambulador y noctámbulo empedernido, rompe la monotonía de los días en calma con su voz de tenor, desgarranando un trozo de zarzuela o entonando maravillosamente una canción canaria. Empapado de lluvia o de sol a la luz de las estrellas o bajo el manto de la noche, su porte y sus ademanes son como un símbolo de la simpatía.
Él es capaz de dibujar una sonrisa en las gentes agobiadas por las preocupaciones y de esparcir la alegría, cual el labrador que siembra el trigo en la tierra pródiga, en las reuniones donde el buen humor agoniza estrangulado por el cúmulo de problemas del diario batallar.
Es un ser que creemos arrancado de un cuadro de tipos irreales obra de una imaginación exuberante. Amó a Baco como un hijo a su padre, y sin embargo, sus modales y sus frases plenas de gracia, tuvieron el sello inconfundible de una elegancia original de personaje digno de ser trasplantado a la escena teatral. También dispuso de una compañera fiel que fue la guitarra. En las grandes fiestas orotavenses, él y ella se complementaban para formar en cualquier rincón un cuadro de belleza sugestiva regocijante. Recorría las pinas calles, entraba y salía de los cafés y de las tascas lo mismo que los juglares de antaño - “datnos del vino si non tenedes dinero” -, canta y conversa, y sus frases tienen destellos graciosos que animan al ambiente.
Jamás armó camorra o disputa alguna, ni hubieron hombre capaz de alzar airado su mano contra él, y si, de entregarlo su copa y su óbolo como si fuera una deuda contraída con este ser cuya única misión fue hacer reír a sus semejantes. Y como el buen humor es tan necesario en este siglo atacado de neurastenia, el parloteo y la gracia picaresca de esta figura popular, fueron cualidades que se cotizaron de buen grado. Llamase como se quiera, fue un ser originalísimo.
Tuvo mucho de vicios y poco de virtudes y aunque parezca paradójico no podemos catalogarlo como degenerado. Él fue capaz de saborear la delicadeza de un trozo literario, de una partitura musical, y de regodearse con fruición báquica paladeando una copa de manzanilla o un vaso de mal vino. Pero no por todo esto resultó detestable cual un borracho maloliente o un individuo antítico y gorrón.

jueves, 24 de julio de 2008

LOS ORÍGENES DEL FUTBOLERO TROFEO TEIDE.

Artículo recibido de: Bruno Juan Álvarez Abreu

Es evidente la remembranza de un día, mes, y año, exactamente el once de Agosto de 1971, se inauguraba en la Noble y leal Villa de La Orotava, la restauración de un gran Estadio de fútbol, letargo de un Doctor inolvidable; Don Buenaventura Machado Melían. Un hombre filántropo, que soñaba en muchas ocasiones con el esplendor de una misión denominada “monstruo”, sembrar de césped el Estadio Municipal de “Los Cuartos”, junto con el acrecentamiento de las gradas y vestuarios. Dos argumentos, solo dos, se le quedaron lúgubre, trascendentales propósitos, que a pesar de su acostumbrada lid, no pudo o no le dejaron confiscar, proyectos como la iluminación eléctrica, y sobre todo, remitir a su eminente conjunto, conocido en el fútbol territorial por “Los Copos de Nieve”, a metas mas altas.
Sin embargo este querido Doctor, que trabajó para el ente vallero de manera desinteresada y sacrificada, merece la mejor compensación del fútbol orotavense, - perdóneme que lo tenga que repetir -, pues este hombre entusiástico debe permanecer en bronce, para divisar el egregio Estadio Villero, su estadio, su querido estadio, pues era sorprendente verle organizar lo utópico con la ayuda de sus copartícipes, en el restablecimiento de la vanguardia del gran aposento acrobático embellecedor de la glorieta futbolera orotavense.
En 1971, entre los colectivos sin una cobertura económica eficiente se encontraban los equipos puntales del fútbol regional isleño. Estos obtenían la asistencia económica a través de humilde cuotas de socios, y taquillas de los pequeños estadios existentes. Para hacer frente a estas circunstancias, a algunos de sus dirigentes de talante ilustrado, se les ocurrió celebrar trofeos estivales. Los primeros contactos se establecieron entre amigos, pero este sistema consideró que lo mejor era formar un colectivo relativo para su organización, llegándose a un acuerdo, para así utilizar las zonas estratégicas del fútbol alejado de la capital para arrastrar a seguidores norteños. Efectivamente en la tarde del once de Agosto de 1971, el Estadio Municipal “Los Cuartos” se encontraba absolutamente repleto de almas humana, lucía un Sol espléndido, y en su terreno de juego de color verde zarzal estaban presente; los recordados; Don Juan Cullen y Lugo entonces Alcalde de La Orotava, Don Leandro Medina Arcipreste y párroco de Nuestra Señora de La Concepción, Don Félix Álvaro Acuña Dorta Delegado Provincial de Deporte, representaciones municipales de los pueblos del Valle, presidente de la Federación Tinerfeña de Fútbol, presidentes y directivos de los equipos organizadores, Presidente del Club Deportivo Tenerife, directivos del equipo invitado, el Deportivo de La Coruña de la primera División Española, y bellas señoritas ataviadas con el traje típico de La Orotava, que repartían claveles rojos entre los jugadores. Se inauguraba la nueva pista para la práctica de fútbol en la Villa Norteña, y al mismo tiempo nacía un persistente trofeo que llevaba el nombre de nuestro padre Teide. Perentoria iniciativa de Don Buenaventura Machado Melían presidente del UD. Orotava, Don Luís Guiance Abreu presidente del Real Unión de Tenerife, y Don Alberto Hernández Illada presidente del CD. Puerto Cruz. Esa misma tarde se jugaba el primer partido del trofeo, el orotavense Galindo inauguraba el marcador, la emoción estuvo a punto de desintegrarse. Pero la profesionalidad y la inteligencia del coruñés “Manolete” en el centro del campo gallego, mermaba las aspiraciones del novel canteriota Orotava, que terminó vencido por tres tantos a uno.
Sin embargo el UD. Orotava, se clasificaba en el tercer puesto del trofeo al vencer por dos tanto a uno al Real Unión de Tenerife, el partido se celebró en el estadio del Peñón del Puerto de la Cruz, el día catorce de Agosto de 1971, inauguraba el marcador por parte del Orotava Sánchez II, en el minuto 19 del segundo tiempo, a ganarle la acción al meta Hilario del Real Unión. En el minuto 30 igualmente del segundo tiempo, empataba el unionista Lázaro, que tras dar en Silverio, cambia la trayectoria del balón.
En el minuto 10 de la prórroga el orotavense Juan Jesús marcaba el definitivo dos a uno, tras recibir un rebote de Sánchez I. El partido fue mediocre sobre todo en los primero cuarenta y cinco minutos. Todo el juego que se pudo presenciar se realizó en el centro del campo. Las delanteras se mostraban muy ineficaces cara al marco. La segunda parte fue más movida. Se notaba en los conjuntos más garras u fuerzas. La prórroga resultó mejor jugada por ambos equipos que los noventa minutos. En el Orotava destacó la inclusión de Isidro que demostró clase, tanto defendiendo como atacando. El Real Unión tampoco rehusó al ataque, buscando inusitadamente el triunfo.
La gran final de la primeriza e inaugural edición del prestigioso Trofeo Teide, la protagonizaron en el remozado Estadio Los Cuartos, El Deportivo de La Coruña y el CD. Puerto Cruz, el domingo quince de Agosto de 1971, imponiéndose los gallego por dos tantos a cero, goles marcados por el coruñés Beci, sin embargo los portuenses opusieron seria resistencia al primera división gallego, entregándose solamente en los quince minutos finales. Los Cuartos volvió a registrar una gran entrada, en los prolegómenos se guardó un minuto de silencio por la muerte del presidente del CD. Vera, Don Salvador Ledesma Devora. Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron de gran interés, porque el Puerto Cruz sorprendió a todos. El cuadro portuense era quien dominaba la zona central del campo, con un fútbol de mucha precisión y llegaba con facilidad hasta el área del conjunto gallego, pero a sus delanteros le faltaba eficacia en los remates. El Coruña en su rapidísimo contraataque, siempre bien llevados por Manolete -hasta que resultó lesionado -, daba muestra de gran peligrosidad. No se esperaba que el Puerto Cruz pudiera mantener el ritmo de juego que imprimió, dejando constancia de una gran preparación física y lo que fue más sobresaliente que nunca se entregó al Coruña. Al cuadro portuense le salió un partido redondo, donde todos sus jugadores se entendían perfectamente y sus avances eran llevados a base de un solo toque y con rapidez. Lastima que sus delanteros no tuvieran la misma facilidad rematadora de que hacían galas los delanteros gallegos. En la segunda mitad el Coruña salió decidido en busca del triunfo, que en principio se le había puesto muy cuesta arriba ya que los jugadores portuenses no daban un balón por perdido y siempre buscaban iniciar las jugadas desde atrás cosa que casi siempre consiguieron. Al final el Coruña, serenó más su juego. No obstante, el Puerto Cruz seguía defendiéndose con mucha soltura y en muchas ocasiones puso en peligro el portal del coruñés Seoane. Al final del partido, el delegado provincial de Educación Física y Deporte, hizo entrega al capitán del Coruña, del trofeo de campeón.
El Excmo. Señor García Lastra, al capitán del Puerto Cruz, Basterra el de sub - campeón, los equipos fueron despedidos con una gran ovación por el excelente fútbol practicado y por la deportividad de que hicieron gala a los largo de los noventa minutos, y como colofón de este primer Trofeo Teide se quemó una traca en los anexos del flamante recinto deportivo. Como nota destacada, por el equipo portuense, muy bien Lito, con paradas extraordinarias y cubriendo con oportunidad todos los ángulos de tiro. En la cobertura los mejores fueron Basterra y Paco, sin desentonar al resto. En el centro del campo estuvieron muy bien Félix, que entró en la segunda parte por Donato, sin que éste tampoco estuviera mal, y el interior izquierdo Candi, un jugador que apuntaba grandes cualidades y que sería pletórico, si mejorara su condición física. Delante muy bien Movilla, pero mejor cuando pasó a interior, pues el puesto de extremo no le iba bien. También este era un jugador que apuntaba genio, pero con el mismo defecto que Candi. Cejas estuvo valiente, pero no muy afortunado en sus intentos de remate. Morales tampoco desentonó. Le tocó vérselas con Bello, un defensa realmente difícil de rebasar. En el Coruña sobresalieron; el meta Seoane, un portero que prometía llegar lejos en el fútbol profesional, en la cobertura Bello y Luis, en el centro del campo Vales, y delante Cortés y Beci. Arbitró el encuentro el recordado tinerfeño Vera de León, que realizó un extraordinario arbitraje, siguiendo siempre el juego de cerca.
Ante de dar comienzo de esta autentica final, el capitán del Juvenil Real Unión equipo que había actuado en partido preliminar con el Juvenil Orotava encuentro que terminó con empate a cero goles, - entregó un banderín al Coruña, en la persona de su capitán, Manolete. El Vice - presidente del Coruña, señor Pereyra, hizo entrega al presidente del equipo de aficionados del Puerto de la Cruz, Céltic, de un artístico banderín con los colores del Club Gallego. Los capitanes de los equipos finalistas también intercambiaron banderines. Al finalizar el encuentro se procedió, - como hemos indicado -, al reparto de trofeos. La señora del presidente de la Peña los “Diez Magníficos”, Don Fernando Díaz Pérez entregó al coruñés Bello , el donado para el jugador más regular del Torneo; el general Jefe de los Servicios de Intendencia de Canarias Señor Lastre, al capitán del Puerto Cruz, Basterra; el correspondiente al sub - campeón del Torneo y el delegado provincial de Educación Física y Deportes, Don Félix Álvaro Acuña Dorta, al capitán del Deportivo de la Coruña, Beci; el primer trofeo Teide, como equipo ganador de la competición. La prensa decía; que la comisión organizadora de esta primera edición del Trofeo Teide, se encontraba satisfecha del éxito logrado en todos los aspectos. El gran ausente del Trofeo que en lo sucesivo se convertía en uno de los grandes prestigiosos del Archipiélago Canario, fue el representativo de la provincia el CD. Tenerife. Pues el CD. Tenerife organizaba en la capital chicharrera un trofeo Internacional de forma triangular, a jugar en el Heliodoro con la participación del Os Belenenses de la primera división portuguesa y el Royal Beerschot, campeón de la liga Belga del año 1971.
En aquel año de 1971, se esperaba del eminente Trofeo Teide solidez para muchos años, gracia al tesón de su promotores por el fútbol tinerfeño. Se empezaba sin dificultad alguna, no había instituciones que le cerraran el paso. Como se pudo suponer, hablo de unos hombres de intelecto futbolístico, daban todo por el fútbol, pero nunca pensé como pudieron alcanzar la razón definitiva y enigmática de su posterior abandono. Tenían apariencia deportiva campechana. Era exactamente la época en que los jóvenes querían ser buenos futbolistas. El Doctor Don Buenaventura Machado Melián, era la dulce persona que hacía afición en este réprobo Valle de Taoro, a base de abnegación y serenidad. Era el hombre que no necesitaba mover grandes capitales, como se hace hoy en el fútbol para que este caminara por las sendas de la alegría, solo le bastaban sus sugerencias, en el esplendoroso estadio de “Los Cuartos” se puede reverenciar su testificación. Eran tiempos de idolatría al fútbol, algunas veces se desbordaba el alborozo, las puertas estaban abiertas a todas las familias amante certeramente del deporte Rey. El trabajo fue rígido y desinteresado, sin embargo, todo parece que fue ayer, y al cabo de veinte y cinco años, deseamos que se haga severidad con los promotores. Por ello, nuestro fascinante Trofeo Teide debió sentirse seguro. Lo cierto que el avenir de su supervivencia, se rememora este año de 1995, maltrecho por el tiempo pero cuidadosamente aliñado bajo lo que hoy han querido conservarlo.
La gestión del Trofeo Teide estratégicamente descansa en ayudar a los Club organizadores, unas sociedades demandantes del sobrevivir, recuerdo las gestiones administrativa de un gran tesorero villero Don Juan Pérez (q.e.p.d.), Juanito Pérez para los deportistas, que llegó a encajar el balance del prestigioso Trofeo con un superávit de ocho pesetas y veinte y cinco céntimos, parece mentira que en esa ocasión visitaba la Villa el Real Zaragoza. Por eso ha de ser una referencia obligada a la hora de fijar los presupuestos de las futuras competiciones del estío, ya que constituye una pieza maestra de la competitividad de las economías de los Club organizadores.