domingo, 27 de julio de 2008

LAS GENTES DESESPERADAS Y EL MAR

Artículo recibido de: Celestino González Herreros


Cuantas veces, fue remanso ilusionado de los valientes que ayer emigraron, quienes nunca a su terruño olvidaron. Periplo obligado del expatriado...

Viendo un programa televisado, aquí, en Tenerife, al cual estaba invitado a participar y no pude asistir por razones obvias, ajenas a mi voluntad, viví momentos de perplejidad y de verdadera pena; también de congratulación, por cosas ciertas y hermosas que oí, y por la forma y modo que algunos participantes enfocaron el tema que se debatía: << ¿Cree Ud., que los emigrantes retornados son bien atendidos cuando regresan a su lugar de origen? >> Quiénes hayan visto el mencionado programa ya habrán sacado sus propias conclusiones. Resultó muy corto el espacio televisivo disponible, cuando estaba en su momento álgido, cuando los conceptos y sugerencias estaban aclarándose, se acabó el tiempo preestablecido. Debo añadir que estuvo muy bien coordinado - lo cortés no quita lo valiente - Y los invitados, excepcionales, sin desmerecer a ninguno, en modales y respeto mutuo y a la audiencia. La temática del mismo giró en torno a la figura del emigrante canario, del que consigue retornar por su cuenta y riesgo, con la ilusión indescriptible de abrazar a los suyos y acariciar las cosas y lugares que habían quedado atrás hace muchos años. Sin pensar que el tiempo, también, por estos lugares ha pasado y que las gentes ya no son, ni están, aquellos que un día inolvidable, ya lejano, nos dieron la triste despedida en el muelle... Los pueblos de entonces, eran lugares y aldeas empobrecidas en esa época de escasez, y los campos sin luz ni agua ni caminos aconsejables, sólo para bestias. Soledad colectiva que fue anulando al campesino que sólo pensaba en emigrar hacia Venezuela, único país que abrió sus puertas, para poder ayudar a sus familias. Hombres y mujeres de distintas condiciones sociales, obsesionados con la misma idea, los que fueron sumándose al éxodo migratorio. Y así comienza la difícil experiencia de tener que abandonarlo todo, sin más. Esa gente, valientes aventureros y desesperados conciudadanos nuestros, salieron de la forma que pudieron, según las posibilidades económicas de cada cual, etc. Algunos empeñando todos sus enseres y sacrificando a las familias, que, iban a esperar la ayuda tan necesaria, la cual, de alguna manera, amainaría el amargo problema de la pobreza existente. Como todos sabemos, muchos murieron sin ver realizados sus sueños, porque nunca les fue fácil conseguirlo. Otros, en cambio, si, salieron adelante. Los que fueron reclamados por sus familiares más directos y ayudados desde que llegaron; hasta por los amigos, que nunca les negaron, si estaba en sus posibilidades, esa ayuda tan necesaria... Las gentes, desesperadas, a través del mar vieron abiertas las puertas de la esperanza. El mar fue entonces, para los canarios, el único nexo que nos llevaría a Venezuela, anteriormente, también a Cuba, aunque en ello muchos sucumbieron, sin lograr sus buenos propósitos, empero llegaron muchos y hallaron en ese país lo que buscaban y habían soñado.

LA TIERRA SUPO ACOGERLE CON GENEROSIDAD


Polvo entre las manos que llegaba hasta la ancha llanura fue la gran promesa

Entre unos y otros, hacían lo indecible por situar decentemente al recién llegado. No digo que algunos no se hayan hecho los "locos" para así desentenderse de su obligación moral para con los suyos. Fui testigo de ello en no pocas ocasiones y hasta lo sufrí en propia carne. En cambio, familias venezolanas, independientemente de su condición social o económica, sin conocer al inmigrante, al "mosiux" como nos llamaban cariñosamente unos, otros despectivamente. Créanme, es cierto cuanto digo, al venezolano le cuesta muy poco - porque le nace - compartir su mesa, por pobres que éstos sean, con aquel que llamara a su puerta. Eso es conmovedor, máxime cuando comprenden las necesidades del semejante caído en desgracia. Canarios los hay que abandonaron a sus familiares y allá se buscaron una compañera y formaron otra familia, olvidándose de éstos. A veces es cuestión de educación cívica y social. Salidos de un ambiente sensiblemente pobre y verse luego en una tierra de promisión como Venezuela sin nadie que les convenza de lo contrario, pierden los estribos y se desbocan como potros a la ventura, alocadamente, hasta cegarles la indiferencia respecto a sus obligaciones morales y cristianas. Allá se vieron mejor tratados por la vida y se olvidaron de todo lo que atrás dejaron. Hay un fenómeno sicólogo que les anega sentimientos y recuerdos, confundiéndoles y viven como si flotaran dentro de una burbuja de aire... Les ciega el trabajo y el cansancio de forma extraña; la misma nostalgia les enfermó, cautivándoles irremisiblemente, viviendo en la inconsciencia de sus enfermos sentimientos, un túnel sin salida al exterior...

Retornan, asimismo, aquellos que hicieron fortuna; y vienen a mirarnos por encima del hombro, creyéndose importantes. Algunos han crecido de la nada y se han hecho fuertes con el trabajo ininterrumpido e incalculables sacrificios, los que acompañados de la buena suerte no han querido dejar de trabajar. Tampoco todo el dinero que amasaron es, en algunos casos, dinero limpio. Y están ahí, menospreciando al que vino con "una mano atrás y la otra delante" a gastar sus dineros para que sus conocidos les vean en la opulencia, sin importarles el daño que hacen a quienes no tuvieron la misma suerte. Se les ve en el rostro otra imagen distinta a la que llevaron a Venezuela, expresiones lamentables, vacías de humanismo y que no pueden ocultar; al final se ven solos en su lugar de origen, del que muchos acaban renegando... Creen que es porque no se adaptan a vivir entre nosotros, sin ni siquiera percatarse de que también aquí somos laboriosos y hemos sabido salir adelante en nuestro terruño amado, sin tener que menospreciar a nadie. Todo lo contrario, nos preocupamos siempre por los problemas que pudieran surgir donde viven compatriotas nuestros; y es el caso de Venezuela, lo mismo que por los venezolanos, por nuestros paisanos; y les ayudamos con lo que podamos, que es más, mucho más, que lo que dan los que presumen tener más. Por suerte, siempre han habido excepciones, tanto entre los venezolanos, como en los españoles y canarios.

CON EL DEVENIR DE LOS AÑOS FUERON ACORTÁNDOSE LOS CAMINOS


Desde tan lejos, para algunos emigrantes, el terruño amado más parece un espejismo

También los hubo con menos conciencia, aquellos que trataban de explotar al que llegaba... Pero, para no generalizar, los hubo de una sensibilidad encomiosa practicando la caridad. Y volviendo al asunto del trato que aquí se le suele dar al retornado, estoy de acuerdo en que es poco lo que reciben, que no les alcanza para cubrir las primeras necesidades, si reciben en la actualidad, alguna "ayudita"... Es lógico y triste a la vez, no recibir más atenciones de los centros oficiales, asociaciones humanitarias, etc. Sabemos que se hace cuanto se puede. Mas, desde mi modesto punto de vista, es la familia quien debiera corresponder, en mayor grado, con su calor humano y los cuidados prioritarios que necesitan en esos tristes momentos. Y no olvidar jamás, que muchos de ellos hoy no tienen nada porque todo lo enviaron como habían prometido y a costa de grandes privaciones resistieron ese exilio forzado, todo el tiempo viviendo en soledad y el trabajo. Envejecieron y muchos enfermaron estando sin recursos económicos, deambulando por doquiera buscando quien les dé un poco del pan de cada día. Y no regresan, - son muchos los casos - por vergüenza y dolor, al no tener con qué comprar un pasaje y no-querer que les repatríen del País que tanto han amado y que les brindó la oportunidad de poder sacar adelante a esa familia que dejaron aquí, para evitarles pasaran más estrecheces y que ahora viven bien. Pueblos enteros surgieron con la construcción de sus viviendas, buenos comercios, etc. Los jóvenes han podido estudiar carrera, están acomodados; y ya no se acuerdan de la indigencia en que vivieron... ¡Prefieren morir en la calle y no crearle problemas a los familiares! Tantos sacrificios, tanto luchar, para luego perderlo todo, por una u otra razón, o verlo devaluado, cuando no, haber sido, desde siempre, desheredado de la suerte y al descubierto...

Así pues, no todos son seres despreciables, como se acostumbra a decir cuando no queremos saber de ellos, para quitarnos el problema de encima.

La vida del emigrante no siempre discurre por los caminos de rosas, es un peregrinaje casi siempre doloroso, donde empieza acaba el horizonte de los sueños y comienza la realidad; y la propia evidencia nos brinda toda clase de venturas y avatares. En ese "juego" acabamos sumiéndonos... vamos arrastrados por las gélidas corrientes del infortunio, cuando no, sacando la cabeza del agua para ver más clara la realidad, decidimos ilusionados cual debe ser nuestro verdadero futuro, no sin luchar para evadirnos del acoso de las persistentes pesadillas ...

Canarias se ha visto reconocida por Venezuela, en cuanto a sabia regeneradora se refiere, está, pues, en su Historia reflejada, en los más hermosos capítulos, como una cuenta importante en el rosario clamoroso de las relaciones que nos unen. Y por eso, Venezuela para Canarias, es lo que el mar para el cielo, es el mismo sentimiento indisoluble que siempre nos ha unido, a través de los siglos.