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martes, 29 de julio de 2008

PROFUNDA REFLEXIÓN DE GRATITUD

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Qué extraña sensación, a veces sentimos, de apego a la vida. Descubrimos en cada motivación, por simple que sea, un sentido especial que nos obliga a pensar profundamente, en la fragilidad de todas las cosas que nos rodean. Debe ser esa, la razón que nos induce a cavilar en ello, aceptando que la vida es, también, lo más sutil, porque se nos acaba por segundos, cada vez más deprisa. Y nos asusta la idea, y nos apena, al pensar que tantas bellezas y la hermosura de cuanto nos rodea, tengamos que dejarlo atrás, algún fatal día.

Nos consuela, poder aún ver a nuestro alrededor, cuanto Dios ha creado, antes que nada; escuchar el trino de los pájaros; caer el agua de la fuente, y el eco de nuestra voz en el ceno del profundo barranco, cuando le damos gracias a la vida. Es inconfundible la voz. Y nos escuchamos a nosotros mismos, cuando le damos, a su vez, gracias al Creador... Y cuando deambulamos por las calles de nuestros pueblos, fijándonos atentamente en cada rincón amado; y buscamos en ellos, recuerdos lejanos casi olvidados de toda una vida. Y de todos aquellos seres que nos acompañaron entonces y que ya no están entre nosotros. Una vida tan distante como el tiempo que nos ha separado, aunque en nuestra mente están siempre presentes.

Es bueno, poder evocar cada uno de aquellos episodios vividos y poder, casi palparlos, por intuición, aunque se hayan ido. Verles en el mismo lugar y poder acariciarles, con sólo cerrar los ojos; e incluso, sentir el calor de sus cuerpos y escuchar sus voces. Sentir el cálido aliento, de cuando susurraban a nuestro lado, palabras afectivas. Qué grato es, sentir la brisa yodada y salitrosa en nuestro rostro, allá, en la orilla de la playa, cuando mirando al mar, buscamos en su inmensidad, el consuelo de aquellas ilusiones que se nos fueron y naufragaron mar adentro. Cuántas veces hemos ido en su busca, con la mirada perdida en sus profundidades... Y no siempre logramos la respuesta deseada en esa desértica laguna de soledades.

Pero la vida sigue su curso y aún nos quedan fuerzas, si conservamos el aliento para seguir buscando esos resquicios amados; que renazcan en nuestro corazón y así poder vivirlos nuevamente. Los recuerdos perduran a través de la evocación, volvemos a ser niños y vuelve la dorada juventud con todos sus encantos. Vemos muy lejos nuestra precipitada vejez... Con los recuerdos desenterrados, parece como si volviéramos a empezar, y esas fuerzas renovadoras que sentimos sean efectos de la fe que ponemos en todo lo que amamos. Es, tal vez, el reencuentro con el niño que llevamos dentro y aquella sepultada juventud que llega a florecer, a pesar de que seamos más viejos, como el árbol caído...
Aunque ya no estén con nosotros, físicamente, cada uno de esos motivos, conservamos el calor que nos dieron. Aunque no estén a nuestro lado, es razón fundamental de nuestra vida el recordarlo todo hasta el final de nuestros días, y sentir que nada ha muerto, que todo queda ahí, aunque nos vayamos...

lunes, 28 de julio de 2008

LA MATANZA DE ACENTEJO EN LA RUTA DE LOS SUEÑOS

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Bajo la sombra de un vetusto balcón canario, detuve mis cansinos pasos, para aliviar un poco y protegerme del inclemente Sol. Sequé el rostro con mi pañuelo, de hecho, ya casi mojado. Escrutando con la mirada, algo enturbiada por la fatiga, busqué, a lo largo y ancho del lugar, algún ventucho, o guachinche, donde sentarme, saborear un buen vaso de vino de la zona y hablar con alguien de por allí. Sentía la garganta seca como un esparto y las piernas me temblaban un poco, pues, había caminado un buen trecho, casi interminable.
A la vista no había nada, era campo abierto y un largo camino... Un campo realmente atractivo, con la montaña detrás, color gris violeta, resaltando la vegetación. Eché andar de nuevo, y no muy lejos, casi al final del trayecto, comencé a ver casas y personas que iban y venían, en distinta dirección. Cuando estuve a la altura de ellos, acerté a preguntarle a un par de campesinos, dónde podía conseguir algo para beber. Ah, - me contestó el más viejo - aquí no bebemos agua. Si se conforma con nuestro inmejorable vino, tiene donde elegir, busque a pocos metros de aquí y verá qué bueno está...

La Matanza de Acentejo tiene eso y más. Gentes maravillosas, amables, serviciales y trabajadoras. Hablo con razón de causas. Parece como si hubieran venido al mundo con ese gesto personal que les distingue. Diría más, es como si uno se sintiera en su propia casa, en el mismo seno familiar y todos quisieran agradarte. A pesar de haber tantas "casas de comidas", hay veces que no conseguimos una mesa libre. De todas partes van a pasar horas de ocio, entre familias y amigos, a comer o echarse sendos vasos de vino; y para hablar de todo un poco. Siempre nos vamos felices y nos queda el sabor de la grata impresión de haberlo pasado bien. Ahora mismo no, porque es algo tarde, si no, "agarraba" las llaves del coche y Dios sabe...

El Municipio norteño de La Matanza de Acentejo, es bello, desde la cumbre, cuyo monte engalana su declive campestre, en el se hallan los famosos viñedos de la zona y abundan los castaños, higueras, nispereros, perales y manzanos. Amén de otros frutales.

Recuerdo, estando allá, en nuestra querida Venezuela, charlando con los paisanos de nuestras cosas y al tocar el tema... Se nos ponía un nudo en la garganta y teníamos que disimular la angustia, desviando la mirada y callando, siempre callando, cuando evocábamos nuestro terruño amado, tragándonos las palabras... Estabamos muy lejos y nadie nos veía, ni nos oían, éramos como niños suspirando por esta tierra que nos vió nacer. ¡Cuántas cosas hubiéramos deseado hacer en eso emotivos momentos! ¡Cuántas imágenes rondaban, entonces, en nuestra mente! ¡Cuántas vivencias del terruño amado despertaban, cuando evocábamos esos lugares de nuestra isla de Tenerife, desde tan lejos...

domingo, 27 de julio de 2008

LAS GENTES DESESPERADAS Y EL MAR

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Iº

Cuantas veces, fue remanso ilusionado de los valientes que ayer emigraron, quienes nunca a su terruño olvidaron. Periplo obligado del expatriado...

Viendo un programa televisado, aquí, en Tenerife, al cual estaba invitado a participar y no pude asistir por razones obvias, ajenas a mi voluntad, viví momentos de perplejidad y de verdadera pena; también de congratulación, por cosas ciertas y hermosas que oí, y por la forma y modo que algunos participantes enfocaron el tema que se debatía: << ¿Cree Ud., que los emigrantes retornados son bien atendidos cuando regresan a su lugar de origen? >> Quiénes hayan visto el mencionado programa ya habrán sacado sus propias conclusiones. Resultó muy corto el espacio televisivo disponible, cuando estaba en su momento álgido, cuando los conceptos y sugerencias estaban aclarándose, se acabó el tiempo preestablecido. Debo añadir que estuvo muy bien coordinado - lo cortés no quita lo valiente - Y los invitados, excepcionales, sin desmerecer a ninguno, en modales y respeto mutuo y a la audiencia. La temática del mismo giró en torno a la figura del emigrante canario, del que consigue retornar por su cuenta y riesgo, con la ilusión indescriptible de abrazar a los suyos y acariciar las cosas y lugares que habían quedado atrás hace muchos años. Sin pensar que el tiempo, también, por estos lugares ha pasado y que las gentes ya no son, ni están, aquellos que un día inolvidable, ya lejano, nos dieron la triste despedida en el muelle... Los pueblos de entonces, eran lugares y aldeas empobrecidas en esa época de escasez, y los campos sin luz ni agua ni caminos aconsejables, sólo para bestias. Soledad colectiva que fue anulando al campesino que sólo pensaba en emigrar hacia Venezuela, único país que abrió sus puertas, para poder ayudar a sus familias. Hombres y mujeres de distintas condiciones sociales, obsesionados con la misma idea, los que fueron sumándose al éxodo migratorio. Y así comienza la difícil experiencia de tener que abandonarlo todo, sin más. Esa gente, valientes aventureros y desesperados conciudadanos nuestros, salieron de la forma que pudieron, según las posibilidades económicas de cada cual, etc. Algunos empeñando todos sus enseres y sacrificando a las familias, que, iban a esperar la ayuda tan necesaria, la cual, de alguna manera, amainaría el amargo problema de la pobreza existente. Como todos sabemos, muchos murieron sin ver realizados sus sueños, porque nunca les fue fácil conseguirlo. Otros, en cambio, si, salieron adelante. Los que fueron reclamados por sus familiares más directos y ayudados desde que llegaron; hasta por los amigos, que nunca les negaron, si estaba en sus posibilidades, esa ayuda tan necesaria... Las gentes, desesperadas, a través del mar vieron abiertas las puertas de la esperanza. El mar fue entonces, para los canarios, el único nexo que nos llevaría a Venezuela, anteriormente, también a Cuba, aunque en ello muchos sucumbieron, sin lograr sus buenos propósitos, empero llegaron muchos y hallaron en ese país lo que buscaban y habían soñado.

LA TIERRA SUPO ACOGERLE CON GENEROSIDAD

2º

Polvo entre las manos que llegaba hasta la ancha llanura fue la gran promesa

Entre unos y otros, hacían lo indecible por situar decentemente al recién llegado. No digo que algunos no se hayan hecho los "locos" para así desentenderse de su obligación moral para con los suyos. Fui testigo de ello en no pocas ocasiones y hasta lo sufrí en propia carne. En cambio, familias venezolanas, independientemente de su condición social o económica, sin conocer al inmigrante, al "mosiux" como nos llamaban cariñosamente unos, otros despectivamente. Créanme, es cierto cuanto digo, al venezolano le cuesta muy poco - porque le nace - compartir su mesa, por pobres que éstos sean, con aquel que llamara a su puerta. Eso es conmovedor, máxime cuando comprenden las necesidades del semejante caído en desgracia. Canarios los hay que abandonaron a sus familiares y allá se buscaron una compañera y formaron otra familia, olvidándose de éstos. A veces es cuestión de educación cívica y social. Salidos de un ambiente sensiblemente pobre y verse luego en una tierra de promisión como Venezuela sin nadie que les convenza de lo contrario, pierden los estribos y se desbocan como potros a la ventura, alocadamente, hasta cegarles la indiferencia respecto a sus obligaciones morales y cristianas. Allá se vieron mejor tratados por la vida y se olvidaron de todo lo que atrás dejaron. Hay un fenómeno sicólogo que les anega sentimientos y recuerdos, confundiéndoles y viven como si flotaran dentro de una burbuja de aire... Les ciega el trabajo y el cansancio de forma extraña; la misma nostalgia les enfermó, cautivándoles irremisiblemente, viviendo en la inconsciencia de sus enfermos sentimientos, un túnel sin salida al exterior...

Retornan, asimismo, aquellos que hicieron fortuna; y vienen a mirarnos por encima del hombro, creyéndose importantes. Algunos han crecido de la nada y se han hecho fuertes con el trabajo ininterrumpido e incalculables sacrificios, los que acompañados de la buena suerte no han querido dejar de trabajar. Tampoco todo el dinero que amasaron es, en algunos casos, dinero limpio. Y están ahí, menospreciando al que vino con "una mano atrás y la otra delante" a gastar sus dineros para que sus conocidos les vean en la opulencia, sin importarles el daño que hacen a quienes no tuvieron la misma suerte. Se les ve en el rostro otra imagen distinta a la que llevaron a Venezuela, expresiones lamentables, vacías de humanismo y que no pueden ocultar; al final se ven solos en su lugar de origen, del que muchos acaban renegando... Creen que es porque no se adaptan a vivir entre nosotros, sin ni siquiera percatarse de que también aquí somos laboriosos y hemos sabido salir adelante en nuestro terruño amado, sin tener que menospreciar a nadie. Todo lo contrario, nos preocupamos siempre por los problemas que pudieran surgir donde viven compatriotas nuestros; y es el caso de Venezuela, lo mismo que por los venezolanos, por nuestros paisanos; y les ayudamos con lo que podamos, que es más, mucho más, que lo que dan los que presumen tener más. Por suerte, siempre han habido excepciones, tanto entre los venezolanos, como en los españoles y canarios.

CON EL DEVENIR DE LOS AÑOS FUERON ACORTÁNDOSE LOS CAMINOS

3º

Desde tan lejos, para algunos emigrantes, el terruño amado más parece un espejismo

También los hubo con menos conciencia, aquellos que trataban de explotar al que llegaba... Pero, para no generalizar, los hubo de una sensibilidad encomiosa practicando la caridad. Y volviendo al asunto del trato que aquí se le suele dar al retornado, estoy de acuerdo en que es poco lo que reciben, que no les alcanza para cubrir las primeras necesidades, si reciben en la actualidad, alguna "ayudita"... Es lógico y triste a la vez, no recibir más atenciones de los centros oficiales, asociaciones humanitarias, etc. Sabemos que se hace cuanto se puede. Mas, desde mi modesto punto de vista, es la familia quien debiera corresponder, en mayor grado, con su calor humano y los cuidados prioritarios que necesitan en esos tristes momentos. Y no olvidar jamás, que muchos de ellos hoy no tienen nada porque todo lo enviaron como habían prometido y a costa de grandes privaciones resistieron ese exilio forzado, todo el tiempo viviendo en soledad y el trabajo. Envejecieron y muchos enfermaron estando sin recursos económicos, deambulando por doquiera buscando quien les dé un poco del pan de cada día. Y no regresan, - son muchos los casos - por vergüenza y dolor, al no tener con qué comprar un pasaje y no-querer que les repatríen del País que tanto han amado y que les brindó la oportunidad de poder sacar adelante a esa familia que dejaron aquí, para evitarles pasaran más estrecheces y que ahora viven bien. Pueblos enteros surgieron con la construcción de sus viviendas, buenos comercios, etc. Los jóvenes han podido estudiar carrera, están acomodados; y ya no se acuerdan de la indigencia en que vivieron... ¡Prefieren morir en la calle y no crearle problemas a los familiares! Tantos sacrificios, tanto luchar, para luego perderlo todo, por una u otra razón, o verlo devaluado, cuando no, haber sido, desde siempre, desheredado de la suerte y al descubierto...

Así pues, no todos son seres despreciables, como se acostumbra a decir cuando no queremos saber de ellos, para quitarnos el problema de encima.

La vida del emigrante no siempre discurre por los caminos de rosas, es un peregrinaje casi siempre doloroso, donde empieza acaba el horizonte de los sueños y comienza la realidad; y la propia evidencia nos brinda toda clase de venturas y avatares. En ese "juego" acabamos sumiéndonos... vamos arrastrados por las gélidas corrientes del infortunio, cuando no, sacando la cabeza del agua para ver más clara la realidad, decidimos ilusionados cual debe ser nuestro verdadero futuro, no sin luchar para evadirnos del acoso de las persistentes pesadillas ...

Canarias se ha visto reconocida por Venezuela, en cuanto a sabia regeneradora se refiere, está, pues, en su Historia reflejada, en los más hermosos capítulos, como una cuenta importante en el rosario clamoroso de las relaciones que nos unen. Y por eso, Venezuela para Canarias, es lo que el mar para el cielo, es el mismo sentimiento indisoluble que siempre nos ha unido, a través de los siglos.

sábado, 26 de julio de 2008

SÓLO UN SIMPLE BALANCE DE NUESTRAS FIESTAS PORTUENSES

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

En todas las Fiestas Mayores, Conciertos Musicales, etc., siempre ocurre lo mismo, que al final se acaba con la misma cantinela. Que aquello estuvo mal, lo otro y lo de más allá en pleno Siglo XXI, bla... bla... bla, etc. Las cosas bien hechas, sólo saben valorarlas aquellas personas comprensibles, capaces de apreciar el esfuerzo, el entusiasmo, la buena voluntad, el altruismo colectivo entre amigos bien avenidos, entre esa buena gente que lo da todo y se sacrifican para que los distintos eventos sean un éxito notorio. Sin embargo, ¿porqué no?, uno puede, para corregir o señalar deficiencias, defectos.., decir lo que a simple vista se observa, sin necesidad de estar buscando defectos y todo aquello negativo que nos sorprenda. A colación sale, y eso lo digo yo que tengo ojos en la cara, por ejemplo, ¿porqué no hay suficientes “urinarios” públicos, para hombres y mujeres, adecuados y personal que los atienda continuamente? ¡Porque hay cada uno! no los urinarios, digo: los meones, que no saben ni tienen conciencia de que el chorro debe ir proyectado al interior del evacuatorio, no por fuera. Es cierto que cuando y donde han de celebrarse concentraciones masivas de personas, debe haber donde desahogarse, sin tener que recorrer grandes distancias para hallar el correspondiente alivio y no tengan que hacerlo donde les cuadre. Hasta hoy mis ojos no me engañan y pueden ratificar lo que digo. Cientos de personas, en plena calle, detrás de los coches, en los portales de las casas, en cualquier rincón o delante de otros u otras, sacan sus genitales y ahí va eso. Que yo sepa sólo eso, por lo demás, en Puerto de la Cruz, podemos presumir de orden público, no porque las autoridades lo impongan, es que somos así y los que vienen de afuera, a veces son hasta más educados que nosotros.

En Santa Cruz, La Laguna, La Orotava, Los Realejos y demás villas, pueblos y ciudades de nuestras islas y en Península, ocurre lo mismo. Cierto es, difícil lo tenemos... ¿Quién controla a tanta gente en lugares abiertos o tan angostos como son los nuestros? No se trata de controlar en la sabana al ganado concentrado, somos seres humanos que cuando nos llegan las ganas, buscamos lo más cerca. Y no digamos, si se trata de personas con incontinencia urinaria. ¿Cuál sería la solución? ¿Prohibir la venta de cerveza? No olvidemos a las damas de todas las edades, los niños... Mientras escribo estoy sonriendo, seguro que mis queridos lectores se hallarán en igual situación. ¿Qué se puede inventar? Algún entendido habrá anotando ideas...

Verdad, es la única nota discordante, lamentablemente, es así. A ver si hay una mente más preclara que la mía, porque yo, ni soy quién, ni tengo la capacidad de discernir una solución al triste problema.

A ver, ¿donde la gente disfruta más que en Puerto de la Cruz, en sus Fiestas de Julio y en todos los Actos que se programan durante el año?

La mayor satisfacción que siento es que no es necesario que lo diga un simple portuense como yo, me lo confirma, a mí y al resto del mundo, cuantos están capacitados para decirlo. Canarios y españoles, muchos extranjeros, esos que disfrutan aún más que nosotros. Y qué curioso, no se fijan tanto en nuestros defectos y ni critican nuestras actuaciones, al contrario, dicen que nuestra capacidad en el amplio plano de la armonía y las programaciones fiesteras, no hay quien nos gane, sin tantos recursos económicos, pero con el corazón que vence siempre cualquier obstáculo adverso.

viernes, 25 de julio de 2008

IDENTIDAD DE AQUEL PASADO

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Alineados en el suelo esperaban los bultos, a que fuera la hora de la partida. Antes debía llegar el grupo de amigos, según lo convenido y al lugar que se divisaba desde una de mis ventanas. Lukas yacía echado ante la puerta que conduce a la calle, yo como siempre, dando vueltas y más vueltas para dejarlo todo en orden.

Eran las seis de la mañana cuando me percaté de que habían llegado. Sin demorar un instante más, recogí mi morral, la garrafita con agua, un par de bolsas más y acompañado de Lukas, mi inseparable cocker, sigilosamente abrí la puerta. Ya en la calle, en sendos coches, nos distribuimos para ir lo más cómodos posible y enfilamos la ruta desde el Puerto de la Cruz, en la dirección acordada. Para darle más esplendor al viaje decidimos desechar la autopista del Norte y nos fuimos, aún con las luces de los coches encendidas, por toda la carretera vieja. El Botánico, Barranco La Arena, San Pablo, Cuesta de la Villa, Santa Ursula, La Victoria de Acentejo, La Matanza de Acentejo, etc. El aire era fresco en esas horas de la mañana, aún no había despertado el alba, y sin embargo, los caminos estaban animados. Claro, había coches circulando en ambos sentidos; mas, con deleite, pude comprobar lo atractivo del momento. En determinados lugares y en los márgenes del camino, se veía, también en ambos sentidos, carretas tiradas por bueyes que transportaban la hoja del maíz; otras, llevaban pinochas o hierbales para el ganado. Y las hermosas bestias cargando los olorosos frutos del campo y la verdura fresca... Me sentía tan halagado y complacido, que, emocionado paré el coche e hice señales al resto del grupo para poner pie en tierra y gozar del singular momento charlando con las gentes de nuestro campo que animosamente nos saludaban; e incentivados por el grato ambiente, decidimos entrar en una ventita alumbrada por un par de antiguos artilugios de carburo, a la vieja usanza y allí pedimos, a pesar de lo prematuro de la hora, un poco de vino, queso de cabra, pan del día anterior y para quién apeteciera rosquetes del lugar. Con esas mismas personas hablamos del campo y ellos comentaban lo de la influencia absorbente del turismo en las ciudades, con el consiguiente abandono de la tierra por los muchachos de hoy, ese éxodo preocupante que trata de buscar nuevos horizontes llamados por la codicia y el bienestar, sin darse cuenta que podrían perder una cosa y la otra, que la tierra es firme y generosa si se la trata con amor y sacrificio, también con inteligencia. Lo del turismo es cuestión de prepararse bien, yendo a Escuelas especializadas a tal efecto. Ahora es solo una ocasión que tiene alas, como las aves de paso, hoy se da bien aquí, mañana no sabemos. Puede surgir un mañana difícil para esa rica fuente de trabajo. Pienso que la tierra es un don de la Naturaleza, es la verdadera promesa de la vida hasta el final de nuestros días, nos dará cobijo y alimentos y será la cuna perdurable de todos nuestros sueños, donde descansarán para siempre nuestros huesos, que aunque sean materia muerta están ahí abrigados por esa noble masa señalando nuestro paso por la vida...

Embebidos estuvimos, en la grata compañía y la sana alegría de esa gente noble del campo, que al expresarse transmitían confianza, la sensación de ser amigos de siempre: de estar entre familia celebrando un feliz encuentro. Y es que no se puede saborear "lo nuestro" sin detenernos en ese ambiente, aunque sea sólo por un momento. Gastamos media hora en la acertada parada y aprendimos la lesión más hermosa de esa grata mañana ya aclarada por el celestial lucero del alba, que ascendía a través de las montañas saludando con su espléndida presencia, cuando acababa de correrse el gris velo de la madrugada, anunciándonos el nuevo día...

A las once de la mañana todavía estábamos de jarana según entrábamos en los pueblos, donde también hacíamos compras de frutos frescos y secos y verduras, para recogerlos al regreso y mientras tanto, pues, comíamos algunas truchas rellenas de mermelada de membrillos o de dulce de batatas. Hablando con nuestra encantadora gente del campo a los cuales envidiaba en esos gratos momentos, me sentía influenciado por sus costumbres, por su forma de ver la vida, tanto, que llegué a desear ser uno de ellos y olvidar tantos perjuicios y estúpidas limitaciones que nos impone nuestra confusa sociedad. Llegué a sentirme tan a gusto y relajado que no deseaba otra cosa que continuar entre ellos, sin ir más lejos. Pero lo hermoso era, que si seguías adelante ocurría lo mismo, todo era igual de hermoso... Lástima, cuando uno sale así, con el tiempo programado, sin opción para cambiar los esquemas acordados y tienes que dejarlo por imperativos de orden... Luego surge la promesa que no vamos a cumplir, cuando decimos que hay que repetir y de que entonces será por más tiempo, etc., etc. etc.

Después de tanto deambular de un lugar a otro, decidimos llegar hasta el impresionante y bello Monte de La Esperanza y dijimos de terminar la última comida del presente día allí. Fueron momentos inolvidables.

Llegamos hasta el verde y soberbio monte ya entrada la tarde, aunque la bruma baja aún no había hecho acto de presencia y, aunque el Sol declinaba hacia su inmediato poniente, pensé que era el momento justo de extender el arrugado mantel sobre la fresca hierba, y, sacamos lo que habíamos llevado o lo que ya quedaba de ello y lo fuimos depositando sobre la estampada tela, en cuyo centro coloqué la garrafa de vino que compramos en La Matanza de Acentejo. La comida toda fue en frío, no hicimos fuego, no fue necesario. Ya lo habíamos acordado antes de organizarnos para gozar este día, siempre ante el temor y el propio riesgo que ello podría suponer en el monte si hacíamos fuego para calentar... Con el vino y nuestras vitales energías sobraban calorías. Fue un rato delicioso el que vivimos, a los postres siguieron los chistes salpicados de sano humor y alguna que otra balada... Cogidos de las manos, algún matrimonio se alejaba un poco, muy caramelizados y se perdían entre el ramaje espeso de la frondosa vegetación. Y yo acariciaba la cabeza de mi perro, sintiéndome algo melancólico, y mi mente también se alejaba por derroteros diferentes, perdiéndome en la maleza y sin saber a dónde iba, sólo buscaba distanciarme hasta llegar a un pasado ya lejano que me hablaba de otros momentos vividos con la tierna y espléndida lucidez de la juventud, en aquellos años apasionados, llenos de fantasías y clamores incontenibles... Y sólo hallé las sombras de mis sueños en la espesura del bosque, sin escuchar apenas un eco... estaban muy lejos, en los recuerdos, en el tiempo y la distancia. Mas, tuve que conformarme acariciando nuevamente al perro que insistentemente me miraba y con expresión triste parpadeaba viéndome tan callado... Así estuve un buen rato, hasta despertar envuelto en el jolgorio y la natural algarabía que entre los demás habían organizado, la que armaban los amigos mientras se disponían a recoger las cosas y "dejar todo limpio" como lo habíamos encontrado al llegar a ese entrañable y paradisiaco lugar... Haciendo un razonable esfuerzo me sobrepuse imitando a los demás, todo el mundo felices y contentos... No había otra opción que fingir que estaba del todo alegre, obviando la identidad de aquel pasado que en mí no muere...

jueves, 24 de julio de 2008

PENSANDO QUE LA VIDA ES ETERNA

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Desestimando el recurso del silencio, hoy, como una excepción, navego entre ruidos diferentes, sin querer aislarme porque así me siento a gusto. La algarabía la forman, unos que cantan, otros que ríen, los niños que corren como locos y gritan, liberando así sus revoltosas energías. La “cotorra” de la vecina, también parece que estuviera esperando a su duende encantado, pues tiene alterado como nunca, al sufrido vecindario. Los coches que suben y los que bajan por la Avenida. Los perros ladrando en la plaza y allá afuera. El campanario anunciando la próxima Misa. Las sirenas impertinentes y a la vez persistentes de nuestras ambulancias, no entiendo porqué razón contumaz y exigentes persisten en su empeño.¡Y tantos ruidos más!, que sería imposible ponerle atención expresa a alguno determinado, para diferenciar sus cadencias acústicas. Nada turba mi entusiasmo en estos instantes. Nada impide oír los latidos de mi corazón; me siento feliz como esos niños que, alocadamente, corren en todas direcciones; estoy contento y no sé porqué. Nada me impide soñar en estos especiales momentos de alegría y euforia. Todo cuanto me rodea parece sonreírme y que estuviera impregnado de amor, y aromas estivales, olor a vida fresca, a flores nuevas que se abren deliciosamente, desperezando sus suaves pétalos que saludan a la vida con sus aterciopeladas caricias y mágicos perfumes. Ahora, la música alegre que llega, quiere acompañarme en mi estado anímico, dándole a mi sueño, el ritmo propio, y las cadencias, del éxtasis emocional más profundo.

Cierro los ojos y vuela mi mente buscando caminos antes andados... Y, voces amigas que llamen...

Dulce evidencia aquella, la de quiméricas tardes de fulgidos atardeceres; viendo, cuando morían las olas en la playa y llegaban a tus desnudos pies hundidos en la arena. Cuando jugábamos... Cuando nuestras miradas encendidas se encontraban y despertaban el deseo irrefrenable del amor. Aún conservo, a pesar de los años, en mis labios, el sabor salobre y dulce... Sabor del tiempo que nos ha dejado el recuerdo amado; y el calor de tus manos. Todo un mundo de fantasías que la vida nos brindaba, donde no había más poder que la inocencia compartida. Cuántas margaritas deshojamos juntos, y cuántas veces vi. tus ojos entornados, despertar del sueño ilusionado con una angelical sonrisa en tus labios rojos dibujada. Cada una de las estrellas del firmamento, en las noches de entonces, tenía un nombre propio para nosotros, y las veíamos parpadear con marcado nerviosismo desde la distancia, si mirábamos al cielo.

Ellas fueron cómplices, de tantas cuitas amorosas .nuestras, que prevalecen aún con los recuerdos como evidencias nostálgicas que señalan aquellas vivencias, cual tiernos mensajes de amor que nunca mueren...

Entonces no advertíamos estos ruidos, que aún persisten a mí alrededor, los desestimábamos, buscábamos los rincones donde sólo pudiéramos oír el jadeo de nuestra respiración y el susurro de algunas frases de ternura.

En estos instantes, para mí, ya es mi eterna primavera... Hoy me siento diferente, sin mirar el calendario, diría que la siento, ha venido a alegrarnos, con más esplendor, parece. En estos instantes, siento rejuvenecer mi espíritu, estoy contento. Hoy, cuando más necesitamos el calor apetecido y las fragancias frescas de sus flores, esperamos juntos a que asomen sus rayos de luz divinizada... Igual que esperan las aves en los aleros; y la cotorra de la vecina a su duendecillo, a ver si se calma un poco...

Todos esperamos a la primavera, como si fuera la vez primera; con la ilusión que el niño espera, a que nazcan las flores, para llevarles algunas a sus abuelos, y las pongan en un poco de agua, y sonreírles siempre que pasen por ellas, porque ya es primavera para todos. Entonces el amor también despierta, aflora... Y la vida se nos convierte en un sencillo jardín lleno de flores, para los viejos, los adolescentes, los jóvenes y esas inocentes criaturas, que las recogerán algún día para nosotros.

Mi amor, ¡cuánto hemos caminado juntos! Casi pierdo la cuenta. ¡Y, cuántos momentos felices hemos vivido! Los malos mejor es olvidarlos, los supimos superar, y eso basta, porque juntos siempre fuimos invencibles, desde la responsabilidad, el respeto mutuo y el amor que nos une desde aquel entonces, y tantos buenos recuerdos... ¡Cuántas Primaveras cuidando nuestro jardín! Y buscando en los soleados caminos, la flor silvestre solitaria y aislada, para acariciarla con ternura... ¡Cuántas tardes, repitiéndonos siempre lo mismo, sin cansarnos nunca y cada vez con más ternura! Sólo me preocupa, eso si, no estar siempre juntos, ir así por los senderos acostumbrados. Eso me pone triste, sin saber ni qué pensar al respecto. Amémonos hoy, como siempre lo hemos hecho, viviendo el presente y recordando nuestro pasado, sin perder ni un segundo. Porque la vida es lo único que, en realidad, nos queda. Vamos a vernos muy solos tú y yo... Acerquémonos más cada día, no nos separemos nunca y disfrutemos cada nueva primavera, con la misma ilusión que los adolescentes, como la vez primera... Pensando que la vida es eterna, interminable, y nuestro amor. Para siempre nuestra.

mira esta animacion de bush :P
http://fruus.servemp3.com/

Olvidemos los ruidos que quisieran turbar nuestra paz y a la vez incomodarnos. Ellos también llegarán a viejos y entenderán, si es que llegan a vivir tanto como nosotros, lo necesario que es el silencio, el respeto hacia los demás, para poder conciliar sus sueños...

miércoles, 23 de julio de 2008

LA OTRA CARA DE LA CIUDAD ALEGRE

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Días pasados fui a ver las obras que se efectúan en el litoral de Martiánez y sufrí tal desencanto, que fue imposible resignarme y no he conseguido aceptarlo. Aquello es denigrante; y no es necesario ser un “entendido” en el tema, para poder opinar. Nuestra acogedora playa nos la cambiaron por algo sin sentido ni comodidad alguna. Aún no están los trabajos terminados, pero recomiendo a quienes no han visto el actual panorama, que desistan si pensaban ir a verlo. Ojalá que cuando terminen las obras de “modernización” nos lleguen a convencer, cosa que dudo, sinceramente. No hay aparcamientos gratis para los coches, eso era de esperar.

Uno recuerda cómo era nuestra añorada Playa de Martiánez y su entorno; y la verdad es que nunca vamos acostumbrarnos a cuántos cambios quieran hacerle. Y cuánto dinero se han gastado queriendo mejorar su fisonomía estética.

Recordemos aquellos éxodos domingueros que venían al Puerto de la Cruz a pasear frente al mar, viendo batirse las olas contra los acantilados y subir por la negra arena de su suelo la espuma blanca, e ir de nuevo de regreso al mar... Familias agrupadas en torno a una discreta sombrilla, o la acogedora caseta hecha con cañas y una sábana blanca... Aquellas tardes de verano, sospecho que no volveremos a disfrutarlas, ni las generaciones venideras, a gozar del disfrute del ambiente confortable de aquellos días que con tanta nostalgia recordamos

Acabaron con la Playa de Martiánez, eso es evidente, la sepultaron.

Las personas mayores y no tan mayores, si van en coche, no ven el mar, aquello ya no es nuestra playa. No hay donde estacionar, todo es zona azul (ocupada día y noche por los coches de alquiler), cuando no vados y reservados, en fin, puro negocio y nada más. La verdad es, ir a Martiánez en un verdadero sacrificio, y lo que es peor, las gentes se van con el desconsuelo de no haber podido ver el mar de nuestro atractivo litoral. Mejor la hubieran dejado como estaba, mucho se lo estuviéramos agradeciendo, sobre todo las personas entradas en años, con problemas de movilidad y otros defectos patológicos, a quienes tanto bien les hizo en su día. Ahora, todo aquello parece un desierto, sin gente, ni aquel ambiente alegre y saludable. Todo eso acabó, ahora aquello es una barranquera todos los días del año, el gran negocio sigue siendo El Lago de Martiánez y lo demás no cuenta...

El haber menos transito de personas por el lugar, se presta más fácilmente a fomentar el hampa o gamberrismo, que por cierto a veces campa a sus anchas, o puede llegar a suceder, inesperadamente, si sólo hay paseando unas pocas personas. Se entiende, ¿verdad?

Tengo entendido que van a peatonizar la Avenida Colón, que van hacer no sé cuántas reformas más. Me imagino que a los hoteles del lugar le darán un toquecito estético y el Edificio “IDER” se repondrá de una santa vez. Ah, se me olvidaba decir, que me preocupa, a simple vista, ver lo angosta que dejaron la salida o desagüe, en caso de lluvias torrenciales, del barranco al llegar a la playa de Martiánez. Hasta he pensado que podría desbordar su caudal de agua y lodo, si la lluvia arrastra todo cuanto encuentra abandonado en su cause, el contenido buscaría por donde salir y nada de particular tendría que rompiera por la plaza y siguiera por la calle Calvo Sotelo (calle La Hoya) hasta la bahía de San Telmo.

Mi puertito... ¡Cómo está nuestro Puerto de la Cruz! Cuántas manos lo han manoseado sin conciencia ciudadana, sin respetar nuestro patrimonio urbanístico. Cuántos desperfectos remendados dejan ver las huellas de la desidia... Nos han manejado a su antojo algunos políticos incompetentes, amparados en sus respectivos cargos “han hecho y deshecho” lo que han querido, obcecados por la intransigencia y la falta de civismo. El alma se nos cae a los pies, cuando recordamos aquel encantador Puerto de la Cruz, solar de encuentros inolvidables que nunca más podremos rescatar por más que nos esforcemos. El daño está hecho, sólo valdría respetar los pequeños resquicios de aquellas épocas románticas, que aún quedan, como testimonio histórico insoslayable.

Resumiendo mis naturales consideraciones, debo añadir, para terminar, que no se trata de contravenir decisiones ya tomadas y la ejecución de los proyectos - algunos manipulados - que en su día se aprobaron en Plenos; me quejo de las partes que me duelen y creo estar en mi derecho, al poder manifestarme como lo siento.

Abandoné la zona de Martiánez, descorazonado. Y, a cuantos saludaba en el trayecto, mientras huía del “desastre” a los más conocidos le preguntaba: ¿Qué les parece señores, lo que han hecho con nuestra playa? Todos coincidieron conmigo: << ¡Qué lástima!>> Parece hecho a propósito para molestarnos aún más... ¿De quién habrá sido la idea? Ay, Cesar Manrique, qué falta nos haces, tú si que eras inteligente y amabas a nuestro pueblo. Mereces el lugar más hermoso en el EDÉN, con los mejores, con los que saben y conocen la sensibilidad y las conveniencias de nuestros sufridos pueblos; las gentes que amaste de verdad. Te seguirán queriendo, las futuras generaciones, por ser como fuiste. El Lago de Martiánez es otra cosa; y la Playa Jardín. Recuerdos imperecederos en la memoria de los canarios. Fuiste un elegido de Dios... Y si vienes a mi memoria es porque necesitamos hombres honrados y capacitados artísticamente como tú, para que le pongan remedio a tantos desafueros arquitectónicos y urbanísticos, que quieren desvirtuar la imagen envidiable de nuestras Islas Canarias, desde todo punto de vista.
Consideremos al turismo, escrupuloso e inteligente, que está atento a las expectativas, a ver si esto cambia y se arreglan tantos desperfectos urbanísticos, etc. Para volcarse hacia nosotros con garantías absolutas y no sufrir los desengaños a que están acostumbrados. El Puerto de la Cruz puede presumir aún de buenas instalaciones hoteleras, uno de los climas más rico del mundo y sus gentes, que hemos sabido siempre respetar los sentimientos ajenos y damos lo mejor que tenemos para dejar ese precedente humano que inspira confianza y seguridad.

Sólo necesitamos cuidar lo que tenemos y luchar con coraje por la supervivencia de lo nuestro, para compartirlo con ilusión, con los que quieran saber de nosotros y conocernos mejor.

martes, 22 de julio de 2008

LA DROGA ENIGMA SOCIAL QUE PREOCUPA

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

No habrá paz ni sosiego en nuestra Sociedad, sólo habrá una constante preocupación por los estragos que causa su consumo, mientras no erradiquemos esa brutal amenaza que acecha y se ha generalizado pese a la lucha constante para poder contenerla. Mientras hayan tantas familias destrozadas por culpa de la droga habrá razones que justifiquen su decida persecución. Cualquier día del año, habrá un desconsuelo terrible en los hogares afectados, donde existen miembros de esas familias adictos a la droga y que para conseguirla roban y matan despiadadamente. Es el peor azote de nuestra Sociedad y preocupa su rápida propagación. Hay sentimientos contenidos, en cuyo silencio, se encierra el atenazador dolor... También el “enfermo” toxicómano lo sufre y guarda su pena; y es mayor aún, su incapacidad para poder superarse.

Los Centros dispensa ríales de Asistencia a la drogodependencia, luchan denodadamente, con todas sus fuerzas y las únicas armas de que disponen, y se han logrado avances considerables en esa ardua lucha que libran por ayudar a tantos enfermos angustiados que buscan salir del túnel en el que han entrado, arrastrados por las “malas amistades” y cayeron en las redes desafortunadas de la infausta evidencia. Y lo más desesperante es, comprobar en la calle, cómo la juventud se deja llevar por sus frívolos instintos anárquicos, desconocedores de las dramáticas consecuencias que genera esa libertad fácil de la irresponsabilidad e injusto desprecio que manifiestan, algunos, hacia sus familiares, a los que van a sentenciar con la más triste de las penas; como si fuera un castigo que les imponen por haberlos traído al mundo, después de verse, en plena juventud, frustrados ante la vida, por no haber sabido luchar o ni siquiera haberlo intentado. Oyen más atentamente, al “colega” de turno, que a los suyos, los cuales le han dado todo o lo poco que han podido... Pero cuando no se quiere entender o razonar sobre el asunto, dan la espalda a la única verdad. ¿Porqué muere tantos padres y hermanos jóvenes, aún? Mueren de pena... Han sido asesinados por sus propios hijos y hermanos, les han matado, más que por la vergüenza, por el dolor y la impotencia al no haber podido hacer algo frente a la droga para acabar con ella. ¿Porqué hay tantas familias arruinadas?... Y tantos golfos, que siguen comerciando con la salud de la “despistada” juventud... ¿Dónde están?.. ¿Acaso no sabemos quienes son?.. ¡Qué desastre! Tampoco se han manifestado, para decir qué es lo que quieren en realidad. Y porqué se dejan arrastrar así. Si me argumentaran que es por la elevada cota de desempleo actual, me adelantaría a decirles, que, en muchos de los casos, los jóvenes y no tan jóvenes, no han insistido en prepararse para hacerle frente a la vida. Tampoco vamos a ignorar, que muchos han recibido más de lo que se han merecido. Hay que arrimar el hombro y demostrar a los demás de lo que se es capaz y hasta donde trabajarían con honradez, que ya habrá tiempo de defender la dignidad, quien en verdad la tenga. Hay que saber presentarse, y, sobre todo, hay que inspirar confianza a nuestros semejantes. Es duro, pero hay que decirlo, a ver si les entra en la sesera, a algunos, de los que se hacen la vista gorda y oídos sordos. Más que nada, lo digo para aquellos que aún no han caído en la “trampa”, a los que quisieran presumir de mayores de edad sin serlos y de valiente sin, tampoco, serlos.

Los que cayeron están siendo atendidos, abnegadamente, por el personal cualificado de los distintos Centros de asistencia o acogida al drogodependiente, quienes, según las estadísticas, han logrado resultados muy favorables. Claro, que ello implica, para el enfermo, muchos esfuerzos, constancia ininterrumpida y disciplinada, hasta lograr recuperarse.

El drogodependiente cree que nunca va a salir del túnel donde se haya atrapado, que jamás va a ver la luz de su libertad al otro lado... señalándole la puerta de su salida, donde le espera su salvación...

lunes, 21 de julio de 2008

LA MATANZA DE ACENTEJO EN LA RUTA DE LOS SUEÑOS

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Bajo la sombra de un vetusto balcón canario, detuve mis cansinos pasos, para aliviar un poco y protegerme del inclemente Sol. Sequé el rostro con mi pañuelo, de hecho, ya casi mojado. Escrutando con la mirada, algo enturbiada por la fatiga, busqué, a lo largo y ancho del lugar, algún ventucho, o guachinche, donde sentarme, saborear un buen vaso de vino de la zona y hablar con alguien de por allí. Sentía la garganta seca como un esparto y las piernas me temblaban un poco, pues, había caminado un buen trecho, casi interminable. A la vista no había nada, era campo abierto y un largo camino... Un campo realmente atractivo, con la montaña detrás, color gris violeta, resaltando la vegetación. Eché andar de nuevo, y no muy lejos, casi al final del trayecto, comencé a ver casas y personas que iban y venían, en distinta dirección. Cuando estuve a la altura de ellos, acerté a preguntarle a un par de campesinos, dónde podía conseguir algo para beber. Ah, - me contestó el más viejo - aquí no bebemos agua. Si se conforma con nuestro inmejorable vino, tiene donde elegir, busque a pocos metros de aquí y verá qué bueno está...

La Matanza de Acentejo tiene eso y más. Gentes maravillosas, amables, serviciales y trabajadoras. Hablo con razón de causas. Parece como si hubieran venido al mundo con ese gesto personal que les distingue. Diría más, es como si uno se sintiera en su propia casa, en el mismo seno familiar y todos quisieran agradarte. A pesar de haber tantas "casas de comidas", hay veces que no conseguimos una mesa libre. De todas partes van a pasar horas de ocio, entre familias y amigos, a comer o echarse sendos vasos de vino; y para hablar de todo un poco. Siempre nos vamos felices y nos queda el sabor de la grata impresión de haberlo pasado bien. Ahora mismo no, porque es algo tarde, si no, "agarraba" las llaves del coche y Dios sabe...

El Municipio norteño de La Matanza de Acentejo, es bello, desde la cumbre, cuyo monte engalana su declive campestre, en el se hallan los famosos viñedos de la zona y abundan los castaños, higueras, nispereros, perales y manzanos. Amén de otros frutales.

Recuerdo, estando allá, en nuestra querida Venezuela, charlando con los paisanos de nuestras cosas y al tocar el tema... Se nos ponía un nudo en la garganta y teníamos que disimular la angustia, desviando la mirada y callando, siempre callando, cuando evocábamos nuestro terruño amado, tragándonos las palabras... Estabamos muy lejos y nadie nos veía, ni nos oían, éramos como niños suspirando por esta tierra que nos vió nacer. ¡Cuántas cosas hubiéramos deseado hacer en eso emotivos momentos! ¡Cuántas imágenes rondaban, entonces, en nuestra mente! ¡Cuántas vivencias del terruño amado despertaban, cuando evocábamos esos lugares de nuestra isla de Tenerife, desde tan lejos...

domingo, 20 de julio de 2008

PROFUNDA REFLEXIÓN DE GRATITUD

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Qué extraña sensación, a veces sentimos, de apego a la vida. Descubrimos en cada motivación, por simple que sea, un sentido especial que nos obliga a pensar profundamente, en la fragilidad de todas las cosas que nos rodean. Debe ser esa, la razón que nos induce a cavilar en ello, aceptando que la vida es, también, lo más sutil, porque se nos acaba por segundos, cada vez más deprisa. Y nos asusta la idea, y nos apena, al pensar que tantas bellezas y la hermosura de cuanto nos rodea, tengamos que dejarlo atrás, algún fatal día.

Nos consuela, poder aún ver a nuestro alrededor, cuanto Dios ha creado, antes que nada; escuchar el trino de los pájaros; caer el agua de la fuente, y el eco de nuestra voz en el ceno del profundo barranco, cuando le damos gracias a la vida. Es inconfundible la voz. Y nos escuchamos a nosotros mismos, cuando le damos, a su vez, gracias al Creador... Y cuando deambulamos por las calles de nuestros pueblos, fijándonos atentamente en cada rincón amado; y buscamos en ellos, recuerdos lejanos casi olvidados de toda una vida. Y de todos aquellos seres que nos acompañaron entonces y que ya no están entre nosotros. Una vida tan distante como el tiempo que nos ha separado, aunque en nuestra mente están siempre presentes.

Es bueno, poder evocar cada uno de aquellos episodios vividos y poder, casi palparlos, por intuición, aunque se hayan ido. Verles en el mismo lugar y poder acariciarles, con sólo cerrar los ojos; e incluso, sentir el calor de sus cuerpos y escuchar sus voces. Sentir el cálido aliento, de cuando susurraban a nuestro lado, palabras afectivas. Qué grato es, sentir la brisa yodada y salitrosa en nuestro rostro, allá, en la orilla de la playa, cuando mirando al mar, buscamos en su inmensidad, el consuelo de aquellas ilusiones que se nos fueron y naufragaron mar adentro. Cuántas veces hemos ido en su busca, con la mirada perdida en sus profundidades... Y no siempre logramos la respuesta deseada en esa desértica laguna de soledades.

Pero la vida sigue su curso y aún nos quedan fuerzas, si conservamos el aliento para seguir buscando esos resquicios amados; que renazcan en nuestro corazón y así poder vivirlos nuevamente. Los recuerdos perduran a través de la evocación, volvemos a ser niños y vuelve la dorada juventud con todos sus encantos. Vemos muy lejos nuestra precipitada vejez... Con los recuerdos desenterrados, parece como si volviéramos a empezar, y esas fuerzas renovadoras que sentimos sean efectos de la fe que ponemos en todo lo que amamos. Es, tal vez, el reencuentro con el niño que llevamos dentro y aquella sepultada juventud que llega a florecer, a pesar de que seamos más viejos, como el árbol caído.

Aunque ya no estén con nosotros, físicamente, cada uno de esos motivos, conservamos el calor que nos dieron. Aunque no estén a nuestro lado, es razón fundamental de nuestra vida el recordarlo todo hasta el final de nuestros días, y sentir que nada ha muerto, que todo queda ahí, aunque nos vayamos.

sábado, 19 de julio de 2008

LAS GENTES DESESPERADAS Y EL MAR

Articulo recibido de: Celestino González Herreros

Cuantas veces, fue remanso ilusionado de los valientes que ayer emigraron, quienes nunca a su terruño olvidaron. Periplo obligado del expatriado.

Viendo un programa televisado, aquí, en Tenerife, al cual estaba invitado a participar y no pude asistir por razones obvias, ajenas a mi voluntad, viví momentos de perplejidad y de verdadera pena; también de congratulación, por cosas ciertas y hermosas que oí, y por la forma y modo que algunos participantes enfocaron el tema que se debatía: << ¿Cree Ud., que los emigrantes retornados son bien atendidos cuando regresan a su lugar de origen? >> Quiénes hayan visto el mencionado programa ya habrán sacado sus propias conclusiones. Resultó muy corto el espacio televisivo disponible, cuando estaba en su momento álgido, cuando los conceptos y sugerencias estaban aclarándose, se acabó el tiempo preestablecido. Debo añadir que estuvo muy bien coordinado - lo cortés no quita lo valiente - Y los invitados, excepcionales, sin desmerecer a ninguno, en modales y respeto mutuo y a la audiencia. La temática del mismo giró en torno a la figura del emigrante canario, del que consigue retornar por su cuenta y riesgo, con la ilusión indescriptible de abrazar a los suyos y acariciar las cosas y lugares que habían quedado atrás hace muchos años. Sin pensar que el tiempo, también, por estos lugares ha pasado y que las gentes ya no son, ni están, aquellos que un día inolvidable, ya lejano, nos dieron la triste despedida en el muelle... Los pueblos de entonces, eran lugares y aldeas empobrecidas en esa época de escasez, y los campos sin luz ni agua ni caminos aconsejables, sólo para bestias. Soledad colectiva que fue anulando al campesino que sólo pensaba en emigrar hacia Venezuela, único país que abrió sus puertas, para poder ayudar a sus familias. Hombres y mujeres de distintas condiciones sociales, obsesionados con la misma idea, los que fueron sumándose al éxodo migratorio. Y así comienza la difícil experiencia de tener que abandonarlo todo, sin más. Esa gente, valientes aventureros y desesperados conciudadanos nuestros, salieron de la forma que pudieron, según las posibilidades económicas de cada cual, etc. Algunos empeñando todos sus enseres y sacrificando a las familias, que, iban a esperar la ayuda tan necesaria, la cual, de alguna manera, amainaría el amargo problema de la pobreza existente. Como todos sabemos, muchos murieron sin ver realizados sus sueños, porque nunca les fue fácil conseguirlo.
Otros, en cambio, si, salieron adelante. Los que fueron reclamados por sus familiares más directos y ayudados desde que llegaron; hasta por los amigos, que nunca les negaron, si estaba en sus posibilidades, esa ayuda tan necesaria... Las gentes, desesperadas, a través del mar vieron abiertas las puertas de la esperanza. El mar fue entonces, para los canarios, el único nexo que nos llevaría a Venezuela, anteriormente, también a Cuba, aunque en ello muchos sucumbieron, sin lograr sus buenos propósitos, empero llegaron muchos y hallaron en ese país lo que buscaban y habían soñado.

viernes, 18 de julio de 2008

LA AVENTURA DE LOS AÑOS QUE HAN PASADO

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Oyéndole, cómo desgranaba recuerdos tras recuerdos, pretéritas vivencias compartidas, hace hoy, más de cuarenta y cinco años, por momentos sentí desgarrárseme el corazón, como si se encogiera dentro del pecho. Después de todo ese tiempo que ha estado ausente, viviendo en Alemania, donde contrajo matrimonio con una encantadora alemana, nunca olvido a su querido Tenerife; y, esporádicamente, viene a su terruño de vacaciones.

La anterior vez que le vi aquí, en su Puerto de la Cruz, estuvimos largo rato juntos, hablando del pasado y del presente, sin mencionar, para nada, el futuro... Entonces era otro hombre, aquella chispa de buen humor, me obligaba a recordar nuestra lejana juventud, ya que desde entonces éramos amigos. Un muchacho excelente, todos le querían por su modo afable de ir por la vida, respetando a los demás y dando lo mejor de sí, con lo que se ganaba la confianza y el cariño de aquellos que le tratábamos. Entonces era un joven alegre y despreocupado, vivir la vida era su único afán, gozarla dentro de sus posibilidades sin dañar a nadie. Él iba por su lado en pos de sus apetencias personales, y cuando volvía de sus aventuras, era siempre el mismo, reservado y prudente, sin jactancias pedantes que le hicieran diferente. Cada uno de nosotros tenía su brújula íntima y nunca nos perdíamos en el acostumbrado andar por la vida.

Transcurridos tantos años, a pesar de ello, le reconocí y advertí su normal deterioro. Los años no pasan en balde, pero su voz era la misma. Nos alegramos mutuamente por habernos encontrado.

Escudriñando su cansada mente quise llegar al profundo foso de su conciencia; y sólo hallé en ese vital abismo, proyectada la accidental impresión que para él yo le estaba causando. Y me vi en el espejo de la vida, igual de viejo y cansado. Nos lamentábamos de las mismas necesidades, ya que todo había cambiado en nuestro entorno... Ayer éramos jóvenes, éramos inagotables, soñadores y aventureros. El mundo era nuestro, todo nos sonreía y cada instante era sensacional. Era todo más vivo y diáfano, los campos más alegres; y las orillas de nuestras playas, el comienzo ilusionado de tantos sueños que se hicieron a la mar en su momento oportuno, como olas que se alejan.

¡Amigo, - me decía con melancólico sentimiento - no vengo más a mi lugar de origen! Si vieras, ¡qué sólo me hallo! Me siento como un extraño en mi propia tierra, casi no conozco a nadie. Me ha ocurrido, estando sentado en la Plaza del Charco, mirando ansioso en todas las direcciones, por si veo a alguien conocido, para saludarle, para hablar un rato y enterarme de nuestras cosas... Y se me saltan los ojos de sus cuencas, sin ver a nadie conocido. Sólo hay caras distintas de nacionalidades diversas, rostros desconocidos que aumentan mi angustia. Si, como si fuera un extraño... Nadie se fija en mí; y yo, sin embargo busco en cada uno de ellos, una sonrisa amable, saber que me han reconocido y se alegran al verme. Como me ha ocurrido contigo, amigo mío, que me has hecho feliz al pronunciar mi nombre con tanto calor y afecto, apenas nos hemos visto. También has cambiado físicamente, pero eres el mismo, aquel muchacho de entonces, sensible y generoso.

jueves, 17 de julio de 2008

LAS GENTES DESESPERADAS Y EL MAR

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Cuantas veces, fue remanso ilusionado de los valientes que ayer emigraron, quienes nunca a su terruño olvidaron. Periplo obligado del expatriado...

Viendo un programa televisado, aquí, en Tenerife, al cual estaba invitado a participar y no pude asistir por razones obvias, ajenas a mi voluntad, viví momentos de perplejidad y de verdadera pena; también de congratulación, por cosas ciertas y hermosas que oí, y por la forma y modo que algunos participantes enfocaron el tema que se debatía: << ¿Cree Ud., que los emigrantes retornados son bien atendidos cuando regresan a su lugar de origen? >> Quiénes hayan visto el mencionado programa ya habrán sacado sus propias conclusiones. Resultó muy corto el espacio televisivo disponible, cuando estaba en su momento álgido, cuando los conceptos y sugerencias estaban aclarándose, se acabó el tiempo preestablecido. Debo añadir que estuvo muy bien coordinado - lo cortés no quita lo valiente - Y los invitados, excepcionales, sin desmerecer a ninguno, en modales y respeto mutuo y a la audiencia.
La temática del mismo giró en torno a la figura del emigrante canario, del que consigue retornar por su cuenta y riesgo, con la ilusión indescriptible de abrazar a los suyos y acariciar las cosas y lugares que habían quedado atrás hace muchos años. Sin pensar que el tiempo, también, por estos lugares ha pasado y que las gentes ya no son, ni están, aquellos que un día inolvidable, ya lejano, nos dieron la triste despedida en el muelle... Los pueblos de entonces, eran lugares y aldeas empobrecidas en esa época de escasez, y los campos sin luz ni agua ni caminos aconsejables, sólo para bestias.
Soledad colectiva que fue anulando al campesino que sólo pensaba en emigrar hacia Venezuela, único país que abrió sus puertas, para poder ayudar a sus familias. Hombres y mujeres de distintas condiciones sociales, obsesionados con la misma idea, los que fueron sumándose al éxodo migratorio. Y así comienza la difícil experiencia de tener que abandonarlo todo, sin más. Esa gente, valientes aventureros y desesperados conciudadanos nuestros, salieron de la forma que pudieron, según las posibilidades económicas de cada cual, etc. Algunos empeñando todos sus enseres y sacrificando a las familias, que, iban a esperar la ayuda tan necesaria, la cual, de alguna manera, amainaría el amargo problema de la pobreza existente.
Como todos sabemos, muchos murieron sin ver realizados sus sueños, porque nunca les fue fácil conseguirlo. Otros, en cambio, si, salieron adelante. Los que fueron reclamados por sus familiares más directos y ayudados desde que llegaron; hasta por los amigos, que nunca les negaron, si estaba en sus posibilidades, esa ayuda tan necesaria... Las gentes, desesperadas, a través del mar vieron abiertas las puertas de la esperanza. El mar fue entonces, para los canarios, el único nexo que nos llevaría a Venezuela, anteriormente, también a Cuba, aunque en ello muchos sucumbieron, sin lograr sus buenos propósitos, empero llegaron muchos y hallaron en ese país lo que buscaban y habían soñado.

miércoles, 16 de julio de 2008

TARDE DEL APOTEOSICO EMBARQUE DE LA VIRGEN PORTUENSE

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Ya la Virgen enrumbó su nueva singladura mar adentro acompañada como siempre por una nutrida representación de los principales ediles municipales del los distintos Ayuntamientos del Valle y el Presidente del Gobierno de Canarias, don Paulino Rivero.

Zarparon con el natural nerviosismo aquellos de la nueva andadura, por aguas norteñas, que al desafiarlas cumplían el sagrado deber de acompañar a nuestra madre marinera. En torno al lanchón presidencial fue grandiosa la participación de medianas y pequeñas embarcaciones que retando al ancho mar fueron acompañando a nuestra Virgen del Carmen, a dar la vuelta marinera, hasta ser traída a puerto de nuevo y luego seguir en Procesión por el Barrio Marinero de la Ranilla y sus calles aledañas, hasta llegar al Templo que la espera en la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia.

Es difícil expresar con palabras los acontecimientos de la tarde vivida, ver a tantas personas entregadas a ese Culto Religioso. Se les leía en la expresión de sus caras en tales momentos. Hay que decirlo, lo más gratificante fue el orden existente. Tanto amor y respeto por parte de los múltiples asistentes, tanto amor y respeto, tanta paz reinante.

No se trataba de una tarde cualquiera, bien lo sé, ni fue un festín popular la gran concentración, la emotiva presencia de tantos y tantas fieles y devotas de la Virgen del Carmen, todos ellos arropádose en su grata presencia, queriéndola religiosamente, besándola con la mirada desde cualquier lugar, hasta detrás de la pequeña pantalla de televisión, en casa, que tan maravillosamente proyectaron los distintos momentos de ese ejemplar acontecer, único y ejemplar, de esa concentración popular y esa devoción escalofriante que hizo pensar seriamente en la influencia de la fe, desde nuestra perspectiva y la conciencia de nuestros pueblos que no quieren desviarse del verdadero camino.
Ver llorar a personas adultas en público ante la Virgen nos obliga a reflexionar, a pensar seriamente en, qué nos está ocurriendo, cuáles son nuestros temores... ¡Qué poca cosa somos!, y qué solos nos sentimos sin la amorosa compañía de nuestro “Viejito” y la Virgen del Carmen. Nos damos cuenta de ello cuando les miramos de frente. Qué cosas habrán querido decirnos cuando le aclamábamos con lágrimas en los ojos, cuando le implorábamos desconsoladamente!..

¡Ay!, si pudiera expresar mis emocionados sentimientos, si pudiera decir lo que siento ante tanto fervor cristiano... Pero no sé hacerlo como quisiera. Sólo sí, le pido a nuestra señora, la Virgen del Carmen me disculpe por no saber hacerlo como se merece.

martes, 15 de julio de 2008

FRAGANCIAS DEL FLORIDO CAMINO

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Siento sensación de estar despertando con el cansancio propio de un largo viaje, acosado por los viejos recuerdos que hubieran aflorado en el sueño cual fantasmas del pasado. Abatido el espíritu, aún en la mente proyectadas aquellas vivencias que sí fueron realidad, y que, a pesar de los años transcurridos, aún no he podido olvidar.

Cada lugar, hoy petrificados en mi corazón, iba señalando la huella delatora de aquella juventud irrepetible, por distante en el tiempo, hoy llorada con nostalgia... La huella de tantos pasos que he vuelto a palpar con mis manos temblorosas. Sí, y he despertado con los ojos enrojecidos y el corazón agitado por tantas emociones, corriendo en distintas direcciones, como queriendo abarcarlo todo: la fragancia del florido camino aquel, por donde solía ir acompañado... ¡Los primeros pasos del amor! Y, aquellas miradas tan apasionadas y la loca risa envuelta en la cálida brisa hasta perder el eco adormecido de su furtiva huida. Entonces todos éramos jóvenes; y en esa dulce y tierna edad, nunca pensábamos que algún día seríamos viejos y que el destino era quien decidiría la suerte de cada cual. Lamentablemente, ya no están entre nosotros tantos amigos de entonces. Ellas, fieles confidentes, a las que, cariñosamente, hicimos las primeras confesiones de amor. Algunas ya no están, tampoco. ¡Cuántas frases con profunda ternura nuestros labios pronunciaron, y cuántas miradas afectivas, cuántos suspiros y lágrimas! Todo aquello era producto, también, de un sueño de amor, a veces truncado, al volver a la dura realidad, a la evidente lucha por ser lo que somos: adultos desencantados, o viejos decrépitos, sin ilusión algunos, otros buscando, entre las hierbas secas, aquel camino florido en sus sueños, creyéndose aún jóvenes, sonriéndole al estático espejo de sus vidas con engañosa valentía y la mente llena de fantasías. Disimulando el cansancio y ocultando la angustia de su contenido llanto, al despertar.

El mensaje de la vida siempre fue discreto, cauteloso y sin promesas. Nada es imperecedero, es como el pabilo de un cirio encendido en las tinieblas, amenazado constantemente, en la intemperie solitaria, por las inclemencias y el soplo agudo del etéreo impulso maléfico de la celosa. Como ocurre en los sueños, cuando le presentimos, o le vemos llegar parsimoniosa y sin llamar a la puerta. Entra y nos lleva sigilosa, sin importarle, para nada, los sentimientos ni tantas cosas que vamos a dejar atrás... La vida es como una rosa que se deshoja lentamente, mientras vamos muriendo poco a poco. A veces casi sin darnos cuenta, y sólo dejamos en este amado mundo, lleno de tantos interrogantes y contradicciones, los despojos yermos de nuestras fervientes ilusiones, dulces y tristes recuerdos y el dolor incurable en aquellos seres queridos que supieron entendernos. La vida es un dilema poético, es alegría y sufrimiento, es amor y dolor...

domingo, 13 de julio de 2008

UN PUERTO DE LA CRUZ FELIZMENTE TRASNOCHADO

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

La ciudad de Puerto de la Cruz, como en ediciones anteriores, dio esta vez, muestras de civismo en sus Fiestas Mayores y la multitud de visitantes, de miles de personas que asistieron a todos los Actos celebrados, pueden dar fe de ello.

Sería injusto si hiciera comparaciones de estas respecto a las otras, el espíritu del portuense y su buen hacer, no necesita de ideologías políticas, se mueven por su ciudad con dedicación altruista, nadie les obliga a ser distintos y se dejan llevar en determinados y serios momentos, igual que en los festeros, por ese amor al Señor del Gran Poder de Dios, nuestra Virgen del Carmen y el acompañante perpetuo, San Telmo, que nunca falta a la cita. Esos días todos somos iguales, generosos por condición natural, alegres y participativos y ante todo, amantes de la mar que nos baña y a la que dedicamos el más noble sentimiento marinero y de cuyas olas hemos aprendido la más dulce sinfonía, cuyo arrullo siempre nos recuerda las tiernas nanas de nuestras madres y abuelas para que conciliásemos el feliz sueño del descanso… ¡Duerme niño, duerme!..

Será que ya soy algo mayor y algo más sensible cada año que por mí pasa, pero esta vez, casi no pude resistir la mirada profunda y por momentos tan expresiva de nuestro “Viejito” como si quisiera decirnos algo, como si quisiera darnos algo que sólo El sabe cuánto necesitamos y sólo con su tierna fijación en nosotros, puede dárnoslo. Como si nos oyera y adivinara nuestros pensamientos, nuestras dudas y preocupaciones, como si quisiera consolarnos y advirtiera en nuestras dudas la inquietud por nuestro futuro: aquí en la tierra y allá en los Cielos. ¡AY!, y cómo consuela mirarle fijamente a los ojos; con el mismo cariño, respeto y amor. Igual que si al despertar de una larga noche, nos sorprendiera un risueño amanecer, nuestro espíritu renovado destilando felicidad, sintiéndolo cuando el Señor del Gran Poder de Dios nos mira.

Nuestra Señora la Virgen del Carmen, ¡qué bonita y hermosa es!, cómo nos recuerda, también, su deificada mirada, la ternura de nuestra madre cuando nos decía sin palabras, que siempre estaría con nosotros, acompañándonos y dándonos su apoyo moral y espiritual, en todos los momentos que fuéramos viviendo, más en los más difíciles. Que para ayudarnos nos brindaría todo su aliento con la propia vida. Nuestra Virgen del Carmen, cómo nos arranca las más amorosas lágrimas para besar su rostro con ellas, para besarla toda. Con razón San Telmo no se separa de ellos y les acompaña a todas partes, como si fuera un hijo agradecido, un buen amigo.

Estos días pasados, jornadas de fiesta en Puerto de la Cruz, fiesta religiosa, lúdica, alegre… Este hermoso y atractivo solar, este patio marinero y turístico por excelencia, pienso que habrá sido, desde Las Alturas, agraciado con las más afortunadas bendiciones, por tantas oraciones dirigidas al Cielo desde nuestros Templos religiosos, nuestras multitudinarias Procesiones y desde la silente alcoba y nuestros Hospitales, desde donde hubiere un enfermo imposibilitado clamando a Dios. Ese caudal de amor, esa adoración por nuestro “Viejito” y nuestra madre marinera, nos dignifica más cada vez. Levantemos nuestros brazos y el corazón y miremos al Cielo, también, que aunque sólo veamos su clara luz, allá está nuestra esperanza.

sábado, 12 de julio de 2008

LOS GUANCHES DE VENEZUELA

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Hogar Canario venezolano


Segunda grabación del grupo folklorista “Los Guanches de Venezuela”, del Hogar Canario Venezolano, de Caracas, recoge su actuación en el Teatro Teresa Carreño, de la capital venezolana, el día 14 de julio de 1.992, en un Concierto denominado “V Centenario”.

La Presentación del grupo está realizada por la joven y exitosa periodista Mari-Pili Hernández, de Venezolana de Televisión. Ella explica la significación del acto y sus promotores y organizadores.

Esta presentación fue el preludio de un insólito viaje realizado por el grupo a España, donde realizaron 43 intervenciones, en las islas de El Hierro, Tenerife y Gran Canaria; y en Madrid, Barcelona y Sevilla. En este último lugar en el célebre “Palenque”, escenario número uno, de la Exposición Universal, donde intervinieron los días 7 y 8 de octubre de 1.992, con sendos programas de música popular de Venezuela y de Canarias.

En Madrid actuaron en el Hogar Canario, y en Barcelona en el Pueblo Español, en las Jornadas dedicadas a la Isla de la Gomera, organizadas por el Hogar Canario de Barcelona.

En las Islas Canarias, cantaron la misa canaria de los “Sabandeños” en la Ermita de la Virgen de los Reyes, en La Dehesa (El Hierro), en la Basílica de Teror, a la Virgen del Pino (Gran Canaria), en la Iglesia de San Marcos, en Icod de Los Vinos. En la Iglesia de Santa Ursula, en Adeje (Tenerife) y en la Basílica de la Virgen de Candelaria, Patrona del Archipiélago, Candelaria (Tenerife)

Sus extraordinarias presentaciones revistieron carácter de acontecimiento, obteniendo destacadas menciones en sus intervenciones en Puerto de la Cruz (Tenerife) en acto solemne conmemorativo del Día 12 de Octubre, en el Instituto de Estudios Hispánicos, así como abordo del ferry “Santa Cruz de La Palma” en el que se realizó el viaje a la “EXPO 92”, con el programa del Gobierno de Canarias, a través de su empresa, “EXPOCANTUR”.

Los Guanches de Venezuela quisieron, con sus participaciones folklóricas, dejar una constante fehaciente de su quehacer, a la vez de demostrar su vocación dentro del ambiente de la música popular canario venezolana.

EN BUSCA DE EL DORADO

Artículo recibido de: Celestino González Herreros

Viendo pasar el tiempo, he dejado muchas cosas atrás y no pocas vivencias amadas y anécdotas, que, aunque sienta que han caducado muchas de ellas por esa nefasta influencia, por su traslación o alejamiento y las distancias, están ahí, en el lejano recuerdo de nuestro transito por la vida. Entonces, yo había partido en busca de El Dorado, como otros tantos emigrantes, con las ilusiones que me inspiraban las fantasías de mi corta edad. Era un sentimiento que iba en paralelo con otros sentimientos. Aparte del aventurero, otros me poseían con más tiernos anhelos; quería evadirme de la rutina diaria y dejar de sentirme un parias respecto a mis viejos; además, necesitaba aventurarme en pos de horizontes más alentadores.

Cuando ya pensé tener realizados esos sueños, sólo estaba comenzando. Mas, no en vano, intenté encauzar los logros alcanzados. Iba progresando a medida que fui superando las dificultades que, obviamente, generan ese ambiente propio de la vida de un inmigrante, que, a veces, son de consecuencias muy negativas.. Pero, ya digo, la perseverancia, en cualquier circunstancia de la vida, es la más sabia de las actitudes para lograr con éxito lo que nos propongamos. Estoy satisfecho de mis logros; ahora, más que nunca, conozco mejor la vida, es un caudal de experiencias, y lecciones oportunamente aprendidas que nos enriquecen espiritualmente... Vivo de los recuerdos que, veces, comparto con estos escritos, cargados, algunos de ellos, de un sentimiento especial hacia todo aquel conjunto de motivaciones, desde la más atrayente, hasta las realmente incómodas por sus contenidos insoslayables. Pero ahí está todo, en esa supuesta cola del tiempo alejado...

Entre tantas vivencias, escojo algunas para animar mis comentarios; echemos, pues, andar... Recuerdo ir caminando por Los Chaguaramos, - una zona, hoy residencial de Caracas- para realizar una visita a un amigo y paisano, darle noticias frescas y entregarle un "paquetito" de su familia. Ese día estaba lloviendo, en el cielo se hizo una oscuridad tremebunda, y el palo de agua fue muy duro; mas, en sólo unos minutos cesó de llover y nos brindó el azar un firmamento distinto, lleno de luminosidad; todo aquello era una enorme sabana donde predominaban los juncos, palmeras y carrizales, acompañados de bastante vegetación alta, que estando mojada refulgía al socaire de los rayos solares. Eso ocurrió, en menos de una hora y media, un par de veces. Cuando el agua se ausentaba las hojas brillaban hasta encandilar la vista, y la tierra al calentarse levantaba el vapor atmosférico, dándome, todo aquel bello entorno, la sensación de estar en un mundo distinto... Entonces había que caminar mucho, ya que no conocía exactamente las rutas de los autobuses y, ante el temor de alejarme del objetivo principal, prefería ir caminando. Cómo me gustaría saber expresar esos acontecimientos con sus encantos naturales, desde todo punto de vista casi inenarrables por sus hermosas complejidades que tuve la dicha de disfrutar. A veces, tenía que huir de alguna culebra; y las aves de abundantes especies, era muy frecuente verlas revolotear a mi alrededor o en direcciones diferentes, advertidas de mi presencia; eran tan variadas y exóticas, así como las sorprendentes colonias de coloridas mariposas, que más parecía estar soñando, que otra cosa. Se me iba el santo al cielo contemplando tantas maravillas, que nada tiene que ver con los malos ratos que hubiera tenido que pasar. Cientos de anécdotas, emotivas todas ellas, de una realidad distinta y ninguna, para mí, despreciables. Con ellas estoy llenando un manuscrito, para cuando pierda la memoria poder leerlo y no desprenderme nunca de esas vivencias entrañables. Dada su diversidad y las distintas motivaciones de sus argumentos, deben llevar un orden narrativo selectivo.

Entonces, Venezuela se me antojaba, que era un país nuevo, de una virginidad extraordinaria. Sus atractivas panorámicas lo atestiguaban; cada rincón de su geografía rural era una viva estampa de increíble belleza, y no lo digo desde la óptica de mi corta edad de aquellos años, por que a esa edad uno no se fija en esos detalles, buscamos otras cosas...

Una vez, ya casado y con hijos, -lo digo como referencia - iba con los compañeros de Sanidad, trabajando por un lugar muy singular, todos en sendos jeeps oficiales, por caminos de tierra, en un lugar casi selvático, cuando nos sorprendieron decenas de monos saltando entre los tupidos árboles, que, al parecer se alegraban al vernos. Y las orquídeas silvestres, vimos centenares, todas ellas bellísimas, cuyo hábitat eran los nudos de los robustos troncos de los mismos árboles; era un lugar tremendamente húmedo a pesar del fuerte calor reinante, rayos de sol que perforaban la vegetación hasta llegar hirientes a la tierra mojada. Y, en los páramos de la cordillera andina, yendo por ahí en otra ocasión, hacia San Antonio de El Táchira, buscando la frontera con Colombia, para ir a Cúcuta, el trayecto en automóvil, era un verdadero atractivo y a la vez, una delicada aventura si nos sorprende la neblina en las cumbres. Cuando llegamos, por supuesto ilesos, estando en un restaurante comiéndonos una hermosa tortilla a la española, oímos un tiroteo en la calle y al preguntar qué era aquello, nos advirtieron que se trataba de una revuelta entre civiles y militares, que tuviéramos cuidado... Así las cosas tuvimos tortillas a la española para rato.

A veces pienso, en esos especiales momentos, recuperando vivencias, recuerdos un tanto alejados, sabemos porqué. Entonces, parece como si renacieran todas aquellas cosas de nuestro ayer y sus afectivos influjos nos poseyeran. Del pasado tengo un concepto liberal y a la vez razonable, él es como nosotros mismos, tiene un comienzo, se distrae en el camino... y desde su aburrido alejamiento, nos provee en sutil divertimento, de aquello que no vamos a poder alcanzar.

Yo pienso que pasado y presente, nunca podrán entenderse, pero siempre se respetan en algo religiosamente intocable: desde cuando los hombres se identificaron y distinguieron del resto de las especies en la memoria y conservación del recuerdo de sus vivencias.

Hablaba de Venezuela, y a nadie le niego mi profundo amor por ella. Mentaba cosas bellas de sus campos, barrancos y hondonadas Citaba a sus distinguidas gentes, y sigo confesando, abiertamente, mis debilidades por ellos y los encantos de esa singular tierra.

Ese llanto que oigo a través de mi conciencia, no es un llanto normal, ése arrastra un lamento que más parece una queja que una simple expresión sentimental. Y me pregunto en mis calladas horas, en mis sórdidas y evocadoras estancias, si no habré dejado atrás algo más que una ilusión apresada en el tiempo.

Venezuela, hoy atribulada, mal tratada por sus opositores, por los desalmados e irresponsables, insisto, adversarios de sus verdaderos derechos cívicos, políticos y sociales, verá la luz que intuyo; habrá un renacer social definitivo que será histórico por sus amplias consecuencias. Pero será el tiempo quien marque las pautas, con él iremos marcando los pasos de nuestros destinos.

viernes, 11 de julio de 2008

LAS PALABRAS SON VIAJERAS EN CAMPO ABIERTO...

Artículo recibido de; Celestino González Herreros

Qué grata es la cadencia de las palabras cuando emanan del corazón, son melodiosas y acarician como las suaves brisas mañaneras, cuando despierta el alba matinal y nos invade de ternura su grata presencia; y nos devuelve, tantas veces, esas ganas de seguir viviendo. Qué grata es, cuando remontan los copetes de nuestros impresionantes pinares, los más esbeltos y altos de su especie: el pino canario. Brisas que acarician y en el campo amanecen como una aparición virtual y con tacto de virgen terrenal nos colma de esa magia sentimental que abraza y transmite ternura, bonanza y el éxtasis del gran amor... Y las palabras despiertan deshilvanándose como frágiles costuras de un hermoso manto celestial...

Qué gratas son y qué paz nos transmiten, si nos las pronuncian en el silencio de la noche, cuando todo parece estar dormido, cada historia en su respectivo baúl, cautivas, presas de sus mismas ambiciones y mentiras y no gozan de su libertad: campo abierto...

¡Qué grato es probar las mieles del verdadero amor!

Todo mi tiempo, en vida hoy, quisiera poder dedicárselo, emulando aquellas brisas de mis habituales tormentas. Su aliento, teniéndole más cerca y escuchar sus quejas y jadeos incontrolables que se le escapan y van a morir en el infinito de las noches... Sólo en el silencio nocturnal, uno puede percibir el encantamiento de las calladas luces del amor, sólo en soledad se oyen las seductoras y lánguidas palabras que callamos tanto tiempo, palabras prohibidas cuyos nexos no se adivinan y suelen olvidarse o volatizarse como otros tantos sentimientos.

Yo me enamoré de una flor, un día distinto. Flor cuyos frutos han superado todas mis ambiciones; y la flor, cada vez, cada día que pasa, a mí me parece más lozana. Mi viejo corazón, viéndola así, tan radiante cada vez, más me enamora.

Juntos hemos crecido y a la vez, casi sin darnos cuenta, también hemos envejecido. Pero no lo entendemos, aunque lo compartamos. Ya nos hemos acostumbrado a dar más de lo que recibimos, ya parece que es una obligación compartir el tiempo y todo lo demás, agendas, calendarios... Consumir el tiempo juntos, hasta que nos llegue la hora de separarnos y uno de los dos quedarse solo. Ese es el triste dilema de los enamorados, la evidencia más clara de nuestro destino. Por eso le temo tanto al polémico futuro, tanto que no quiero oír hablar del tema, de esa lamentable etapa de la vida. Futurarse, si es válida mi expresión, es perderse sin rumbo cierto para siempre, morir... Es como acabar sin darnos cuenta; y jamás entender qué pasó. ¿Porqué? ¿Porqué?..

Sin embargo, la poesía es como el ángel piadoso que alimenta al amor. Es como un mágico bálsamo que invita a soñar, que alimenta nuestras fuerzas y con ello sublima a la ilusión de eternizarnos. Rescatar para siempre la esencia de nuestro verdadero amor. Aclara los caminos más inhóspitos, lima las crueles asperezas del mal e idealiza los soñados horizontes de nuestros sueños.

¡Juventud, es el más bello tesoro! Mas, aún puedo soñar como ayer, me ayuda la poesía, que como ave acosada busca en mí los causes sedientos de mi amor por todo aquello que me rodea, para que no les falte el riego apasionado de mi poética inspiración...

jueves, 10 de julio de 2008

REALMENTE CREO QUE NO ESTAMOS TAN SOLOS…

Artículo recibido de: Celestino González Herreros
Uno suele refugiarse en los recuerdos para poder alcanzar ese cause emotivo de la inalterable evocación que nos llega a conducir por los senderos ocultos de aquel nostálgico pasado… Con marcada lucidez nos hallamos, sin alteración alguna, en esos recordados caminos que nos devuelven tantas y queridas vivencias que siempre hemos alimentado con renovada ilusión, pese haber transcurrido el tiempo y ya no seamos tan fuertes y capaces como quisiéramos, porque los años no pasan en balde. Mas, ahí, en ese grato y acogedor refugio aún habitan y están latentes, los mejores años vividos. Ahí están, desde el más diminuto de los recuerdos, perpetuándonos. Y recurrir a ellos supone revivir aquellos irrepetibles instantes; y aún se mantiene en ellos el calor sentimental de entonces. Solemos revivirlos con frecuencia, callados, en silencio, sin sombras que nos custodien ni brazos que nos detengan, dueños absolutos de aquellos hermosos episodios que se resisten a morir y están empesimismados sólo en irse con nosotros, cuando nos llegue el fatídico momento de la partida sin retorno. Nuestra niñez, aquel calor de la familia, nuestra juventud, las aventuras viajeras por la América del Sur y otros lugares, inquietudes propias de aquella edad. Los sueños rotos, los crueles desengaños sufridos, los aciertos logrados, la nueva familia y la grandeza de sus congenies, la vejez y las tristes dudas consiguientes, todo ello condensado en un antes y un dudoso después, el pasado y el futuro enfrentados en la más dura lucha vivida. Siempre preocupados por los que vamos a dejar atrás, sin nosotros y lo poco que al final podamos hacer por ellos.

La vida del hombre, del ser humano, suele condensarse en breves estimaciones: aquel quimérico pasado, el engañoso presente y el dudoso futuro… Nada más simple que la vida del hombre. Añado, pues, por sarcástico orden: la represión psicológica sufrida, el engaño del falso entusiasmo, y la habitual duda que nos atormenta… Mas, de todas nuestras decepciones y dentro de esa cruel duda, existe la imperiosa razón de la existencia. La única esperanza que alienta a la Humanidad, la misma Creación de las especies y el medio que las cobija. La paz oculta que a veces despierta en nosotros al pensar en nuestro Dios, el Dios de todos… Ese consuelo, es el motivo más evidente de que no estamos solos y nuestro futuro no será tan incierto…